Él quiere leer ya. Trata de unir las letras o pregunta ¿qué dice acá? Esta es la A ... y le propongo que digamos palabras que comienzan con A, luego las dibujamos y el instinto nos lleva a seguir investigando otras letras y el misterio del lenguaje. Pone empeño en atarse los cordones, basta de abrojos que se aflojan y se preocupa por acomodarse el pelo de manera que el espejo no le devuelva el flequillo de Carlitos Balá. Luego me pregunta: ¿quién es Carlitos Balá? En realidad no quiere parecerse a ese personaje con el que la hermana lo gasta.
Ella, sin embargo, tiene más talento para las artes adivinatorias que para las matemáticas. Si tiene que resolver un problema trata de "adivinar" la operación para resolverlo. Así llegamos a la división por dos cifras y ahí al punto de que nos olvidamos como dividir en un papel. Cuando nos acordamos, nos preguntamos: ¿cómo lo traduzco en palabras? Su cara de desorientación me recuerda mi primer día en la primaria, cuando vi dos rayitas en el test de embarazo y cuando salí de la clínica con el primer bebé en brazos. Dividir es repartir, ¿estamos? Nos empantanamos en un cóctel numérico y emergemos a los bostezos. Termina tirada en la cama leyendo un libro sobre la vida de Velázquez y sus meninas mientras él dejó las vocales por un nuevo truco en la tabla de skate.
¿Yo? Dividida en dos. Multiplicada por 10 y con poco resto para terminar el día. Mientras, el papá, en un bar y luego de un concierto le consulta a un amigo a cerca de la operación olvidada. A la mañana lo comentamos en el desayuno: ¿te acordás?
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20.11.09
18.3.09
ESAS PEQUEÑAS COSAS
Una de las palabras más difíciles de encajar es estatua. Con ella aprendimos a decirla zapateando sílaba por sílaba hasta que salió. Jubete, juebito, bushí (por yogurt), círculo al circo, undo al ómnibus, pequepa a la campera fueron hasta incorporados en la familia en reemplazo del original. Ahora, hoy, que él diga "pasta mental" a la pasta dental o dentífrico trastoca los confines de la lógica. Y lo dice todas las noches sin que se le mueva un diente: ¿me ponés la pasta mental en el cepillo? Ahora que me acuerdo, tengo que comprar esa pasta mental blanqueadora (en una de esas logro poner la mente en blanco)
30.9.08
CINCO VELITAS
El está por cumplir 5 y tiene una ansiedad de aquellas. Nosotros le aumentamos la emoción dejándolo elegir el motivo de la fiesta: Wall E, las sorpresitas y el menú. Ya ha repartido las entradas y el regalo viaja desde hace unos días en el baúl del auto de una punta a otra de la ciudad, único lugar donde está seguro de no ser descubierto. Un día le conté a mi marido que yo le hurgaba todo los recovecos a mi vieja para hallar los obsequios con anticipación y lo desorientó de tal manera, sumado al pánico que lo descubran, que los esconde allí como único lugar seguro.Estos cinco años se me han disparado como un cañita voladora. Ya sé, es palabra de madre que siempre se alborota cuando los chicos suman velitas... Pero de verdad, el varoncito usa la palabra Bebé como insulto (mamá sos una bebé, no sabés manejar el joystick) y a la sala de tres le dice que es la de los bebés. Pidió unos botines zapatillas por calzado y hace rato volaron las rueditas de la bici. Un nene, un hijo, un hermano, un amigo, un alumno de la sala de 4 (aún). En todo este remolino de invitaciones, tiempos para fabricar galletitas de su placer y comprar los chiclets de Batman, le hemos preparado una coreografía con la hermana. Quedamos muy ridículas las dos cantando el cumple medio rapeado y haciendo pasos al unísono (al menos intentándolo) El nos mira con una mezcla de asombro y vergüenza ajena. Pero se emociona y luego nos abraza.
Aún le queda mucha dulzura... Me hace feliz.
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24.3.08
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