Una vez que los tuviste no podés imaginar la vida sin ellos. ¿Viste? me decía una amiga, somos mamás y ahora tenemos otras ocupaciones y nos fijamos en otros detalles como comprar shampú con olor a chicle, pisar de nuevo solamente las baldosas oscuras o encontrarle formas a la nubes.Hoy hice un pingüino y lo pinté con témpera y creo que mejoré algo luego del cóndor encorvado de aquella vez. Sé que lo tiene que hacer ella y no me importa y me acuerdo que tengo ojitos móviles de esos para los muñecos de paño lenci y se lo pongo y el ojito la pone tan feliz que quiere quedarse con el dibujo "para siempre".
Él, sin embargo, está muy copado con el fútbol y juega en una canchita en la esquina con una banda sudorosa que luego entra a casa a tomar agua y jugar a la play. Le pregunto: ¿cómo te fue? y me dice: ganamos 6 a 0. Le digo: entonces perdieron. Al toque replica: no, ganamos 11 a 11. Si va al arco y le meten un gol viene empacado y se encierra en el cuarto por cinco minutos y vuelta a salir...
Todos los días me pregunta si voy a trabajar y cuando le digo que no festeja muy feliz y después ni me mira en toda la tarde, pero sabe que estoy. Hacemos palmeritas con masa para tartas y los viernes es día de menú fijo: milanesas con papas fritas.
Charlamos mucho, mucho. Creo que lo que más les gusta es eso: conversar con nosotros y nos sorprenden, nos dejamos sorprender, masajeamos el placer del crecimiento y las ocurrencias: cada vez que paso a tu lado me pedís un beso, protesta. Y si no se lo pido, me lo da igual. Protesta y le gusta.
Mañana tengo prueba, dice ella. Estudia y lee. En matemáticas le molesta que tenga que ser tan exacta pero no abandona la carrera hasta no cortar la cinta solita. Los pienso donde esté, donde vaya, los huelo, les toco la piel suavecita del cuello y cuando cruzamos la calle de la mano siento el placer de la almohadilla de sus palmas infantiles. ¿Cuándo nos dejaremos de dar la mano al cruzar? El otoño alfombró el barrio de hojas y nos encanta arrastrar los pies al paso. Señoras no barran las veredas, señores dejen las mandarinas con hojitas porque saben mejor.
Hijos míos, crezcan y sean libres pero no dejen de darme un beso pegajoso cuando pasan a mi lado...


