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24.4.10

LA MATERNIDAD ENLOQUECE

Una vez que los tuviste no podés imaginar la vida sin ellos. ¿Viste? me decía una amiga, somos mamás y ahora tenemos otras ocupaciones y nos fijamos en otros detalles como comprar shampú con olor a chicle, pisar de nuevo solamente las baldosas oscuras o encontrarle formas a la nubes.
Hoy hice un pingüino y lo pinté con témpera y creo que mejoré algo luego del cóndor encorvado de aquella vez. Sé que lo tiene que hacer ella y no me importa y me acuerdo que tengo ojitos móviles de esos para los muñecos de paño lenci y se lo pongo y el ojito la pone tan feliz que quiere quedarse con el dibujo "para siempre".
Él, sin embargo, está muy copado con el fútbol y juega en una canchita en la esquina con una banda sudorosa que luego entra a casa a tomar agua y jugar a la play. Le pregunto: ¿cómo te fue? y me dice: ganamos 6 a 0. Le digo: entonces perdieron. Al toque replica: no, ganamos 11 a 11. Si va al arco y le meten un gol viene empacado y se encierra en el cuarto por cinco minutos y vuelta a salir...
Todos los días me pregunta si voy a trabajar y cuando le digo que no festeja muy feliz y después ni me mira en toda la tarde, pero sabe que estoy. Hacemos palmeritas con masa para tartas y los viernes es día de menú fijo: milanesas con papas fritas.
Charlamos mucho, mucho. Creo que lo que más les gusta es eso: conversar con nosotros y nos sorprenden, nos dejamos sorprender, masajeamos el placer del crecimiento y las ocurrencias: cada vez que paso a tu lado me pedís un beso, protesta. Y si no se lo pido, me lo da igual. Protesta y le gusta.
Mañana tengo prueba, dice ella. Estudia y lee. En matemáticas le molesta que tenga que ser tan exacta pero no abandona la carrera hasta no cortar la cinta solita.
Los pienso donde esté, donde vaya, los huelo, les toco la piel suavecita del cuello y cuando cruzamos la calle de la mano siento el placer de la almohadilla de sus palmas infantiles. ¿Cuándo nos dejaremos de dar la mano al cruzar? El otoño alfombró el barrio de hojas y nos encanta arrastrar los pies al paso. Señoras no barran las veredas, señores dejen las mandarinas con hojitas porque saben mejor.
Hijos míos, crezcan y sean libres pero no dejen de darme un beso pegajoso cuando pasan a mi lado...

27.2.10

MAMITUD


"Los bebés no vienen con un manual bajo el brazo" escuchamos decir con frecuencia. Vaya, las mamás tampoco. Y menos las pelis. Es así, que fui al video y siempre dudo tanto al elegir, una pesada mal. Me quedo con Motherhood o con su traducción infame: Una mamá en apuros.
Resulta que esta madre (Umma Thurman) es blogger. ¿Sí? A que salen corriendo a buscarla. Vive en Nueva York en la misma cuadra donde con frecuencia se graba Friends. Ella desea una presencia fuerte en su rol de mamá pero también le gusta escribir. Y cada vez que abre la notebook pasa algo o no le alcanza el tiempo, o tiene que organizar el cumple de su hija, o llama al marido y su teléfono está apagado. O... no, no es que es mi libreto ni el de Xime ni Laurenana, ni Vero ni Silvia, por ejemplo. Es un corte en la cotidianeidad de esta mujer hoy. Con sus contradicciones y emociones. Con los desbordes y las necesidades. Luego, como soy totalmente sádica, leo críticas. Algunas son despiadadas como que es casi un reality de alguien con dos hijos y no deja nada. ¿Qué va a dejar? Suficiente, con verla. Hay cosas cotidianas que no tienen porqué dejar. No todo deja. Otros comentarios dijeron lo que pensé yo en algún momento: es que me pusieron una webcam a mí? Pero no, no es cierto. No mido casi 1.80 ni tengo esa belleza de la querida Umma (porque encima me cae de bien...) Ojotas, pelo recogido, anteojos. laptop, chico al hombro o en cochecito y una niña de la mano, marido, poco lugar en una casa  desbordada de recuerdos y fotos de los niños más juegos más amiguitos. Muchas ganas de vivir. ¿Me explico?

17.10.09

MAMI


Yo fui fan de Baglietto. Ahora admiro a Juan, porque pudo admitir que es un buen intérprete y cantó lo mejor de los otros. Buenos músicos, excelentes letras. Tiene, ahora, una empresa de luces y puestas en escena y sigue y le da. Le hice una entrevista cuando salió su disco Mami y me dijo que esas cuatro letras representaban una especie de S.O.S, aún siendo adultos:
Mami, te trajeron de una isla, te educaron bajo el sol, luego el mundo se complica y ya nadie te lo explica, por eso es que algunas noches yo te escucho murmurar, por eso es que algunas noches yo te escucho que rezás diciendo Mami... (Adrián Abonizio)
Yo no fui una Susanita. Viajaba, salía, tenía amigos, rockanroleaba. Pero cuando me agarró la "mamitud" descubrí todo lo que había por aprender, no? Y no solo de lactancia, varicela, pediatras, y jardines maternales. Cuando fui mamá ya no tenía la mía. Oía consejos, prueba y error. Entraba a foros por internet e hice amigas de latinoamérica con las que luego vimos como esos niños pasaban a tener hermanos, debatíamos nombres, nos reíamos y llorábamos de eso en común que sienten las mamás con niños cursando la misma edad. Luego otro foro, encuentros reales, regalos, recetas, estímulos, ánimos para seguir en momentos difíciles y secretos... hasta que nació el blog hace tres años y medio. El título, lo he dicho, tiene que ver con la "nana" nuestra, esa del ya pasará... si no pasa hoy, pasará mañana. También con las palabras de Scarlet O´Hara al finalizar Lo que el viento se llevó: "mañana será otro día".
La cadena siguió... encontré otras mamás en similares circunstancias: profesionales con deseos de crecer de que la vida no pase solo por la maternidad pero sumergidas en una experiencia intransferible y nos leímos (nos leemos) y nos seguimos. Además comentamos discos, libros, nos reímos de guarradas y apoyamos.
Muchos criticaron el hecho de que es pura exposición. Muchas veces trastabillé. Pero hubo algo que siempre tuve presente: la vida es pura exposición y a mí me encanta escribir sobre ellos y sobre lo que siento con y por ellos. Es parte de la vida, esa parte que se te ocurre contar. Esa que querés y que a mí, por lo menos, me hace feliz. El cartel que porto en la foto que me sacó anoche mi hija mientras cenábamos, es uno de los tantos con los que pueden etiquetarme. Mi hija que no sabía leer cuando comencé el blog y ahora lo lee y le encanta.
Aclaración: todas mis intenciones han sido transparentes en los relatos. Muy rara vez se me acercó alguien que intentara ofenderme y cuando ocurrió, tuve una barra de felinos defendiéndome. Otra: no solo lo leen mamás, tengo unos adorables lectores que han dejado sus impresiones y algunos que lo hacen si dejar huella.
Me encanta escribir. Mis hijos encienden mi inspiración. Soy mamá y aunque no estaba en mis planes tampoco está proyectado que tal vez vaya a subir el Champaquí. Pero quién sabe...

26.11.08

NUEVE QUE LINDO NUMBER




Nueve desde que la parí (salió de mí, de nuestro amor Lizarazu dixit)
Nueve que me nació otra cosa más en mí además de un bebé
Nueve desde que cambié
Nueve desde que comencé a dormir distinto
A sentir distinto
A disfrutar y conocer distinto
A aprender, a enseñar, a mirar,
Nueve años de relación a perpetuidad
La amo, me gusta como es, chocamos como somos y nos abrazamos fuerte.
Todo esto es muy loco.

25.11.08

EMBARAZADA Y FELIZ

Si no se está riendo, le pega en el palo. Como buena embarazada está hambrienta, caprichosa y lo tiene zumbando al salchi. Nosotros le hacemos culto y la malcriamos. Ella se ríe así.

6.11.08

IMPECABLES

No sé si vos serás de esas personas impecables, que se levantan con bata y pantuflas, que el pelo no se les eriza o el rimmel no se les corre. Yo, definitivamente, no. No me sale, no nací así o me volví asá. Trato de guardar ciertas composturas pero las batas me dan calor, las pantuflas se me pierden y si me acuesto con el pelo húmedo al otro día parece que dormí enchufada a 220.
En el post parto de Azul tenía una panza que parecía que me habían dejado otra beba adentro. Me advirtieron: no hablés y hablé para el campeonato. Me dijeron parate pronto después de la cesárea, me hice la idiota y me paré cuando se habían ido las visitas y quedamos solos con una amiga.
Aproveché a ponerme de pié y me dolió y picó todo lo que antes nunca me había dolido ni picado. Tenía los pechos como globos terráqueos, mucho calor y toda la emoción del mundo. La enfermera me dice: tiene que eliminar gases. Mi amiga, muy suelta me animaba: vení, vamos a tirarnos pedos. Fuimos a caminar a los pasillos y se los tiraba ella, ¡que pícara! La sala de espera repleta de día, era un desierto a la noche. Ahí con la loca y mi marido, nos cagábamos de risa y entre las dos empezamos a sacarle datos a una rubia de post parto que, supongo, había salido también a eliminar aires molestos. La piba había parido el mismo día y juro por su aspecto que existen las mujeres onda Valeria Mazza saliendo de la clínica con un rubiecito en brazos. Impecable.
Al otro día nos dan el alta. Salí con la misma ropa que entré porque seguía hinchada y dolorida más el bolso, mi pequeñita, miles de bolsitas de supermercado con pelotudeces varias. Y salió ella, che: estupenda, con un moisés de tela haciendo juego con el bolso, la vincha y la camisa. Un ramo de flores y un peluche celeste. Nosotros nos miramos con el flaco y nos reímos cómplices. No nos sale ser así porque no somos así. O al revés.
Pasan los años y las circunstancias me llevan al mismo sitio que esta mujer: la puerta del jardín de infantes. Nacidos bajo el mismo signo, en barrios cercanos, nuestros niñitos compartieron sala. Allí llegamos el primer día: de una mano mi niña y el cochecito con el bebuchón nacido unos meses antes. La mochila bordada por mí y las dos colitas de la nena con la raya chueca. Cuando la vi a esta Valeria me di cuenta al instante que era ella. Había perdido todos los kilos (y más) y ni se gastó en saludarme. Pero me pareció tan loco que los niños hubieran compartido ese instante, ese espacio físico cuando llegaron a este mundo y nosotras tan distintas. O no, que se yo. La vida nos alcanza.