Hay cosas que pensás que no te van a pasar nunca, por ejemplo, encontrarte con un alacrán y en tu cocina, bicho atrevido. Hace una semana se difundió como son y que hacen, les mostré a los niños tal y como salió en el diario para que tuvieran cuidado. Pero tuvieron miedo. A la noche terminamos durmiendo todos juntos en el colchón transitorio y hasta los perros adhierieron al pánico o se aprovecharon de la situación (seguramente).
Anoche, cuando todos supuestamente dormíamos, marido se levanta a la cocina. Estamos hablando del hogar de paso, se sabe. Vuelve y en ese susurro que simula un grito despavorido me dice: amor, en la cocina hay un alacrán, me parece que está muerto, no sé. Tampo sé si es pero tiene pinzas. Yo, dormida, amor...dormite... Él insiste...Vení! Ya voy!
¿Ves? No estaba muerto (estaba de parranda, ja) No está más, hijo de puta ¿dónde se fue? Levantamos todo lo que quedaba en el piso, que no es mucho y ahí estaba, bajo una pelota, haciéndose el muertito. Él: traé un frasco. Yo: no tengo, tengo un pastillero de cerámica que tu mamá me lo dio que era de su abu... Noooo un frasco. Vos no me dejás guardar frascos ¿remember? Mientras discutíamos el alacrán durito pero vivito ¿eh? Decídanse, pensaba. Bueno, saco mi azucarerea de tuper para celíacos, dice él resignado. La lava mientras llora y la despide y yo custodio al bicho maldito. Conste que no habíamos fumado ni bebido nada. Sólo es una escena marital cotidiana de madrugada.
El tránsito del insecto al receptáculo fue de corto publicitario pero lo logramos. Tapa y adentro ¿respira? pregunto. ¡Qué me importa! me dice. Tema acabado. ¿Acabado? Empezamos a revisar todo el depto no sea cosa que hubiera invitado a otros... Nada. A dormir, de una vez por todas. ¿? Che, ¿será zona alacranezca? ¿será venenoso? Mirá si lo pisábamos descalzos, es cierto que hay que adherirse las ojotas...
Temprano, parte marido con bicho en tuper simulando muy bien para que los niños no vean y duerman eternamente con nosotros y los perros tampoco se enteren para aprovecharse de la idea. Primero va a su trabajo en la escuela y la directora le dice: si es venenoso, lo simula muy bien, es medio deforme. Claro, a ella le picó uno re lindo. Igual, le digo por sms, llevalo al serpentario en el zoo. Allí va y llama: no es venenoso. Le faltan unas cuantas materias como la colita así y las pinzas asá. Y la puta que lo reparió. De todos modos, me dijeron, que hay que tener cuidado. Y encima, se quedó con la azucarera. ¿Y seguía vivo? ¿Sabés que sí?





