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2.12.10

ELALA CRÁN

Hay cosas que pensás que no te van a pasar nunca, por ejemplo, encontrarte con un alacrán y en tu cocina, bicho atrevido. Hace una semana se difundió como son y que hacen, les mostré a los niños tal y como salió en el diario para que tuvieran cuidado. Pero tuvieron miedo. A la noche terminamos durmiendo todos juntos en el colchón transitorio y hasta los perros adhierieron al pánico o se aprovecharon de la situación (seguramente). 
Anoche, cuando todos supuestamente dormíamos, marido se levanta a la cocina. Estamos hablando del hogar de paso, se sabe. Vuelve y en ese susurro que simula un grito despavorido me dice: amor, en la cocina hay un alacrán, me parece que está muerto, no sé. Tampo sé si es pero tiene pinzas. Yo, dormida, amor...dormite... Él insiste...Vení! Ya voy!
¿Ves? No estaba muerto (estaba de parranda, ja) No está más, hijo de puta ¿dónde se fue? Levantamos todo lo que quedaba en el piso, que no es mucho y ahí estaba, bajo una pelota, haciéndose el muertito. Él: traé un frasco. Yo: no tengo, tengo un pastillero de cerámica que tu mamá me lo dio que era de su abu... Noooo un frasco. Vos no me dejás guardar frascos ¿remember? Mientras discutíamos el alacrán durito pero vivito ¿eh? Decídanse, pensaba. Bueno, saco mi azucarerea de tuper para celíacos, dice él resignado. La lava mientras llora y la despide y yo custodio al bicho maldito. Conste que no habíamos fumado ni bebido nada. Sólo es una escena marital cotidiana de madrugada.
El tránsito del insecto al receptáculo fue de corto publicitario pero lo logramos. Tapa y adentro ¿respira? pregunto. ¡Qué me importa! me dice. Tema acabado. ¿Acabado? Empezamos a revisar todo el depto no sea cosa que hubiera invitado a otros... Nada. A dormir, de una vez por todas. ¿? Che, ¿será zona alacranezca? ¿será venenoso? Mirá si lo pisábamos descalzos, es cierto que hay que adherirse las ojotas... 
Temprano, parte marido con bicho en tuper simulando muy bien para que los niños no vean y duerman eternamente con nosotros y los perros tampoco se enteren para aprovecharse de la idea. 
Primero va a su trabajo en la escuela y la directora le dice: si es venenoso, lo simula muy bien, es medio deforme. Claro, a ella le picó uno re lindo. Igual, le digo por sms, llevalo al serpentario en el zoo. Allí va y llama: no es venenoso. Le faltan unas cuantas materias como la colita así y las pinzas asá. Y la puta que lo reparió. De todos modos, me dijeron, que hay que tener cuidado. Y encima, se quedó con la azucarera. ¿Y seguía vivo? ¿Sabés que sí?

10.2.10

CREO EN ANGELITOS...

(asiento de atrás: duermen, boxean o reflexionan)
Había una vieja y kitsch canción de Abba que se llamaba I have a dream. Bien, yo tengo el disco duro anatómico pleno de esos datos inútiles mientras no recuerdo ya un sólo número telefónico ni el nombre del vecino que me acabo de cruzar en la vereda, puedo evocar la frase de la canción "I believe in angels" y su patética traducción "creo en angelitos" lalalalá lalalalá....
Veníamos en el auto con mis hijos, momentos propicios para la reflexión o la lucha libre, según el estado de ánimo de ellos. Éste era de cuestionamiento teológico. El pequeño dice: cuál es la diferencia entre creer en Dios y no creer? Glup. Bueno, hijo, los que creen, piensan que al mundo lo creó Dios y también... creen en los ángeles, por ejemplo. Contesto mientras repaso la lista del super y juro no olvidarme esta vez (otra vez) el alimento para perros y el pack de leche deslactosada. La niña opina: yo no creo en Dios, son todas mentiras y el responde: yo sí (es lindo oponerse, eh?) porque creo en los angelitos. Son lindos.
Retomemos en este post de hace dos años y medio en que ella probaba la existencia del creador porque le pidió que apareciera el bendito salchicha y el maldito regresó (luego de buscarlo de arriba abajo y de este a oeste). Yo creo en ellos, aunque peleen y me coman el queso Finlandia.
De "yapa" el video de Abba. ¿O creían que el redentor los salvaría?

19.8.09

A LA CUCHA, DIGO!



En la vereda, cucha super de lujo. Los atorrantes pasan la noche como si fuera un hogar pasajero pero se quedan. La señora que los alberga tiene una farmacia ahí en la esquina e hizo construir la una cucha donde caben un par. Cuando voy a buscar a la niña al cole, me encanta verlos panza al sol disfrutando del dolce far niente. Me hace acordar a una anécdota de casitas y chozas, que todos hemos hecho alguna vez. Viqui me contó que ella junto a su hermana, en unas barrancas cerca de su casa, se habían hecho un refugio que hasta cortinitas tenía. Vaya sorpresa cuando un día encontraron que a la casita la había ocupado un homeless convertido en ese momento en ocupa. Yo hacía mis casitas debajo de la mesa, cuando mi vieja o mi tía Ilda ponía las frazadas para planchar y quedaba oscurito.
Pero los de la foto la ligaron bien de arriba...



11.4.09

LA TÍA ELBITA

La hermana de mi mamá era la tía Elbita. Supongo que la llamábamos en diminutivo porque era chiquita y en su familia era la más pequeña también. Su mamá, mi nona, murió cuando ella tenía un año y se crió a la sombra de su única hermana mujer que entonces tenía 10 años: mi vieja.
Era la tía de los domingos eternos (almuerzo, mateadas y cenas con lo que quedó de lo anterior), la que tejía con agujas super finitas y hacía sueters de esos peludos que luego cepillaba con cardos.
En su casa siempre hubo un olor particular como en todas las casas. Pero la suya tenía olor a sopa de verduras, no sé porqué. Y a mí me encantaba la sopa de verduras. Me quedaba a dormir a menudo allí, tenían un cuarto para sobrinos, nietos o el que sea y recuerdo haberme dormido siestas eternas en un cuarto con tele y cortinas celestes.
La tía no vivía lejos de casa y hacía ese camino bastante seguido para visitarnos, cargada de lanas para devanar (¡qué embole querida tía Elbita!) y tomaban pavas de mates con mis viejos mientras le sacaban el cuero al resto de la parentela.
Le gustaba leer el Corín Tellado, las revistas Labores, los canarios y los perros. Todos teníamos, aún los más jóvenes que ella, esa actitud protectora que se tiene con alguna gente, será porque no pasaba del metro cincuenta o porque perdió un hijo cuando era niño y ese dolor se reflejaba en portarretratos y virgencitas diseminadas por toda su casa.
Siendo pequeños, era un placer parar la oreja entre tanto biscochuelo, punto santa clara y gajos de geranio. Porque en eso de trasplantar gajos era una experta. Les encantaba ir a los viveros con mi vieja y mientras una preguntaba precios de rosales, la otra, en la otra punta, cortaba gajos al azar. Nena, eso no es robar, solamente es perpetuar la vida de una plantita, me mentían. Y llenaba de macetas el frente, el fondo y los muros de jazmines del aire que perfumaban los noviembres.
La tía Elbita se murió un de día de San Valentín. Ella también se llamaba Valentina y cuando le decíamos así se enojaba, no le gustaba. Había nacido el día del Santo de los enamorados y en su mismo onomástico, se fue. Aún le hubieran quedado años por vivir, pero así es la vida de injusta, se tuvo que ir. Pero nadie se va del todo, ¿no?

9.2.09

AGUAVIVA



Hay que bracear, hay que patalear... Ahora, además de cumplirlo y descubrir o redescubrir que, realmente, nadar es una de las cosas que más me gusta. Cada vez que voy a clase recuerdo esta canción y a Los Brujos, banda alternativa y emblemática de los 90. Fui a muchos recitales de ellos. Pero hay uno que roza lo absurdo y sorpresivo.
Partíamos con mi querida amiga de conciertos a un lugar excelente para hacerlos: la Estación Mitre. Allí los trenes ya no circulaban más y su vieja confitería se utilizaba para recitales o, en todo caso, se hacían en el andén. Este fue allí. Los Brujos entraban a escena con un estrambótico disfraz de esqueleto, sus movimientos eran convulsivos, extraños. Sus peinados que desconocían de estilistas, eran hermosos. En un instante el disfraz primero iba a parar quién sabe dónde y el público se convertía en una marea desesperada.

Allí estábamos antes del comienzo con mi amiga y se nos acercaron dos jóvenes en busca de amistad. Uno era extranjero, where are u from? do you like rock and roll? have you ever been here? etc. Los tipos chochos con la experiencia. En un momento mi amiga me mira y con muecas exageradas pero sin emitir palabra me "dice" algo. No le entiendo. Soy pésima para descifrar mensajes mudos. Se acerca y me lo dice al oído: el de barba (no el foráneo) tiene un moco pegado en el bigote. Ay, para que me lo dijo. No sabíamos si adevertirle o no, pero todo el tiempo éramos nosotras las que nos pasábamos la mano bajo nuestra nariz y nada... El tipo hablaba y no podíamos dejar de mirarlo ahí. Empezó el concierto, y con suerte en el revuelo y los saltos y la emoción perderíamos los pretendientes. Pero mi acompañante, al instante, salta como imán para el fondo: el yanqui le había tocado el culo. Fuck off. Los Brujos hacían mosh en ese momento.

15.1.09

LOBO SUELTO

Llego al natatorio, apuro mis pasos para no perderme los minutos anteriores que son una delicia. Y por delante, justo entra Esteban, un compañero, junto a su mujer Vicenta. Todos tienen nombres de "otras épocas" Hilda, Elsa, Carmencita, etcétera. Me llama la atención la mochila de Esteban, claro, es de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota. Y me pregunto ¿He encontrado el ricotero más antiguo de esta tribu? Me quedo con la duda varios días hasta que en esos minutos delicia antes de la clase (que se desenvuelven en una pileta circular con hidromasajes) la historia me es develada. Un cuarto de hora antes de que la profe comience con la arenga nos sumergimos entre esos chorros portentosos a hablar de bueyes perdidos. Mi compañera de la izquierda me advierte la llegada del ricotero y me dice que tiene 82 años, que "no se pierde una", que sale, aprovecha viajes para jubilados, nada, hace yoga, y todo lo que me pueda adelantar antes que Esteban se acomode a mi derecha. Ahí trato de que mis dudas sobre su mochila se despejen de una vez por todas. Él se ríe y me dice que ni idea tenía de la banda, bah, sí, un poco. "Pero cuando fui a Las Termas, necesitaba una mochila mediana, ni chica ni grande para que entren la toalla y un par de cosas, la señalé y el puestero me hizo precio. Por eso la tengo". Así de simple, aunque yo creía que la había heredado de algún nieto. Punto a favor: yo, que casi tengo la mitad de su edad, me la paso eligiendo las combinaciones de toallón ojotas malla bolso y pierdo más de una hora en eso.

24.12.08

EL ELOY

A todas las mamás nos pasa que hemos tenido amigas que comenzaron a parir antes que nosotras y en ese momento se produjo un click crash pump que sacudió la amistad yforzosamente pasó de las cervezas a las mamaderas. Luego los tantos vuelven a removerse y hay fluctuaciones entre partos, cumpleaños, etcétera, hasta llegar a los egresos. La cuestión es una querida amiga estaba en sus primeras etapas maternales que poco compatibilizaban con el bullicio y el alcohol(asunto que entendí luego) y pidió pista enseguida cuando llegó a mi cumple con su marido y un tercero en discordia. Semejante prólogo para llegar al Eloy. Ese Ser que vi una sola vez en mi vida y fue suficiente, más que suficiente. Esta amiga cayó a un cumple míó cuando recién había parido, venía también su marido y, de souvenir, un solterito y sin apuros, se sequiso quedar. Venía de Buenos Aires a pasar sus vacaciones y creía merecer una buena bienvenida. Dale, quedate, le dije despreocupada. Después te explicamos como volver (a la otra punta de la ciudad). La historia es que cuando le explicamos no tenía ningún sentido alerta y no quedó remedio alguno que invitarlo a quedarse hasta que amaneciera y se le pasara la borrachera. El Eloy estaría mamado pero aún en short y ojotas, su don seductor era lo último que se negaba a perder. En la cocina trataba de convencerme a mí mientras preparaba unos panchos, en el living la perseguía a una amiga para besarla. El tipo pensó: yo tiro la línea, si pica, pica. No se imaginan el tamaño de los ojos del huésped cuando se enteró que a la hora de hacer noni, yo dormiría en una cama doble con mi amiga, no había forma de convencerlo de que saliera del cuarto y sus alrededores y apartara los ratones del tamaño de unos elefantes que había hecho aparecer. Otro amigo, solidario y en su sano juicio, se arremangó y dijo: yo también me quedo a dormir, pero en un lugarcito y contra la pared, se arriesgó. O sea, tuvimos nuestro ángel guardián que se entregó a morfeo solamente con un ojo abierto. Al otro día, el Eloy no se acordaba quién cumplió años, que hacía durmiendo en un living tan lejos de su casa y menos que menos las indicaciones para volver a lo de sus amigos pero no tuvo más remedio que subirse a un colectivo y entregarse a su buena suerte. Más tarde recuerdo que vimos Los Puentes de Madison con mis dos compinches protectores y comimos algo de lo que sobró, pero cada vez que vemos un borracho desorientado y que le da por los mimos, la memoria emotiva nos trae al Eloy como un cascotazo aunque nunca más supimos de su destino.

1.11.08

TRES PASOS PA TRÁ ... PA TRÁ ... PA TRÁ

¿Te acordás prima cuando jugábamos a María La Paz? A veces mis hijos me dan bola y jugamos a juegos antiguos "al cartero", "al tic tac", "abuelita que hora es?" (con la soga), hablar en jeringoza y también, ¡porqué no! nos desarmamos de la risa tratando de bailar "flogger".
Sé que esto no durará mucho, que luego seré una vieja ridícula y patética. Pero mientras tanto, me divierto compartiendo y contando lo que me entretuvo de chica.
Salimos a caminar: cortamos flores, armamos coronas, las ponemos en agua aunque sean diente de león. Pasamos por mi escuela primaria, les cuento que a los siete años, íbamos y veníamos en colectivo de línea con compañeros de la misma edad. Que acá vivía la tía tal, que allá la otra, le tocamos el timbre a la tía Ilda y si está la saludamos.
Les muestro donde quedaba la academia de mecanografía (la niña no se explica cómo fui a aprender eso, ¿para qué?) y donde le mandábamos a robar chicles al mellizo mientras que con la melliza volvíamos loco al almacenero preguntando precios. Toda esa odisea en el camino a catecismo. Después obligamos al ratero a confesar el hurto y nosotras no dijimos ni . Estuvo arrodillado rezando un buen rato por hacernos caso.
Mis hijos se divierten con las historias, la transformación de los sitios (vivimos en mi casa de infancia, en el barrio) y van construyendo su propio anecdotario con otras aventuras.
Momentos que los registra la memoria y la oralidad. Impagables.