
Bueno, no me caracterizo por ser políticamente correcta. Y menos en la amistad.
Así que todo eso del lirismo y los saludos románticos, no van del todo conmigo. ¿Porque? Me he entreverado con amigos, tanto que con uno me terminé casando. He tenido pensamientos libidinosos con muchos de ellos sin diferenciar sexo, nación ni edad. He llorado por ellos y no se los he dicho. Los he extrañado hasta morir y no los llamo. Los amo, los elijo y los vuelvo a elegir y me cuesta pedirles perdón. Les envidio la suerte a la vez que les deseo toda la suerte del mundo. Soy imperfecta, rencorosa, odiosa y apasionada en la amistad. Tengo arranques desenfrenados de amor y tiempos en que los olvido. Pero les puedo asegurar que, a pesar de todos mis errores, tengo una buena cosecha. Muchas cartas, mails, mensajitos y declaraciones de amor. Cofres con cadenitas, collares, corazones y canciones. Primos amigos, ex novios amigos, amigos de amigos y
marido ex amigo. Feliz día amigo, le digo a mi hijo y hacemos chin chin con pomelo light y el me dice, sos mi mamá vos. Y tiene razón, ese es otro rol donde también desparramo unas cuantas imperfecciones. O sea, en definitiva, para los que están y los que se fueron (quién sabe donde o sí se donde y me acuerdo y lloro), los que veo y los que no, esos elegidos por mí, por mi soberano deseo de escuchar y ser escuchada, compartir música, lectura, tejidos, hijos, padres, confesiones, viajes, llamadas, estudios, dolores, alegrías, proyectos, recetas de amor y de comida. A todos y cada uno. Feliz día. Así soy yo, tu amiga imperfecta. Recuerden, me gusta la imperfección, ese patito que se sale de la fila, se rebela o se despista, ése es mi pato. Mis amigos seguramente son imperfectos porque los elegí así.