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1.6.11

CORAZONES, SOLES Y FLORES

Hoy fui a leer un cuento al grado de mi hijo. Me recibió un puñado de 24 chiquitos con la seño Selva. Nos sentamos en el piso, ¿dónde, sino? la alfombra era un tapizado de trapos de piso cosidos y decorados por ellos mismos. 
Mi niño quería estar a mi lado, la maestra hizo un par de acomodamientos pertinentes para que los codazos (inevitables) no estorbaran. 
Ellos estaban sorprendidos, emocionados, exultantes. Yo, muy feliz. 
La elección del cuento apuntaba a uno clásico porque corresponde a un programa de cuenta-cuentos y es así cómo se comienza. 
Se trataba de un zapatero que era pobre pero laburaba feliz y campante. El tipo cantaba como loco pero, al lado, vivía un millonario al que le estorbaba la felicidad del zapatero, entonces le regaló un cofre de monedas de oro para que el otro se calle la boca. Conclusión, el pobre se volvió un infeliz que no cantaba, no charlaba, no-nada, todo por cuidar el dinero. Agreta mal. Cuando se da cuenta de esto, devuelve la mosca y conclusión: más vale pobre y feliz que rico y desdichado.
Luego del cuento y mostrar los dibujitos, comentamos las cosas que podemos hacer sin tener dinero y que nos hacen felices: todos sacaron postales familiares en que el papá hacía de caballo de todos los hermanitos, la mamá tomaba mate en la plaza mientras ellos jugaban o salían a andar en bici.
Mi hijo dijo que los sábados y domingos el abuelo nos visita y se queda a comer, que decimos adivinanzas y nos reímos mucho en la mesa. Y es cierto, el abuelo no le atina a ninguna y hay que explicárselas y eso le causa risa hasta a él mismo.
Me quedé dos horas. Les saqué fotos, los observé, los atendí. Vi como las manitos trataban de darle forma a lo que habían oído, como mezclaban las minúsculas y las mayúsculas y también las preguntas que me hacían (edad, nombre completo, trabajo, etc). El corazón se me iba inflando.
Llegó el momento de partir, me dedicaron aplausos, besos y todo eso que me iba acelerando el pulso.
A las dos horas volví a buscar a los chicos y Enzo salió con un sobre lleno de cartitas. Apenas lo abrí supe que ese no era el lugar de leerlas. 
Llegué a casa, almorzamos, comentamos el día.
Me fui a mi cuarto y abrí el sobre y me di cuenta que me estaba convirtiendo en Pedro, el millonario del cuento, pero fundido con el zapatero. Era rica en cariño, en alabanzas y elogios pero no tenía monedas de oro.
Uno de los momentos para atesorar en la cajita de nácar. Quién pudiera transmitir así, la simpleza, el amor, la entrega a cambio de culo al piso, abrir un libro, un relato y conversar sobre sus benditas vidas.

30.3.11

¿QUÉ ESTAMOS HACIENDO?

Para muestra, tres botones, en las noticias de ahora (en el portal de lavoz.com.ar que involucran a menores) y eso que no tenemos publicados en este momento otros casos tan comunes.
Que triste, desolador y generador de impotencia.

10.1.11

A LA REINA BATATA, A LA NENA NO

Qué poder mágico tienen las canciones de mandar una melodía e inmediatamente tocar alguna célula que dispara un químico para que luego el cuerpo se estremezca. Ese es el poder de la evocación, de niños le diríamos magia.
La magia de una canción, de un versito, de un personaje o de un cuento: va directo a un hemisferio del cerebro y de allí, tuc, replica el tambor en el pecho, los ojos se llueven y las comisuras se estiran.
La Reina Batata descansa en mis oídos porque se ha dormido junto al cuerpo inquieto de mi pequeña que hoy no lo es tanto. Esta Reina que se revelaba a quedarse en el plato del cocinero hasta esconderse en un lugar sombrío tenía la cadencia que le ayudaba a conciliar el sueño, recostada indefensa, sobre mi pecho.
Ya fuera del hueco que la mantuvo flotando durante la gestación. En el mismo sitio, pero del otro lado y la misma voz canturreando a la hora de descansar. Ya no más “duérmete pedazo de mi corazón” ni tampoco que “la loba vendrá por aquí si esta niña linda no quiere dormir”.
María Elena Walsh me dio una letra armoniosa de un reino de verduras donde la protagonista se negaba a convertirse en sopa. ¿El destino de la batata? Transformarse en la reina de la cocina con colita verde (le brotó) ¿El destino de mi niña? Crecer y seguir acunándose con la mágica melodía hasta la llegada de la época de los porqués y los cuestionamientos al pobre tubérculo y a los cocineros también. La parte que más le gustaba entonces era cuando la nena buscaba su yo- yó.
Le expliqué a qué se refería ese juego y a partir de ahí, La Reina Batata daba pie para un sinfín de deliberaciones de lo que cada uno hubiera hecho en lugar del chef, de la niña o de su alteza. Al fin, las canciones a la hora de ir a dormir se acabaron para dar paso al cuento y luego a las charlas.
Casi doce años más tarde, se conecta mi hija por el chat ya enterada de la noticia sobre María Elena. Entonces le pregunto: ¿Qué recordás de ella? A La Reina Batata, mami, me responde.
Eso es evocar o mejor dicho: eso es magia.
Publicado en La Voz 

13.12.10

RAZONES PARA NO CREER

Venimos de comprar cocacola y un árbol de navidad ínfimo y barato para el hogar de paso. Él, de 7 me dice: Yo para Navidad quiero una wiiiiiiiii, una raqueta, una patineta de dedo pero de madera y ... sigo yo...
Se viene el verso: pero Papá Noel esto y aquello. Y se vino la respuesta de él al toque:-.No existe. ¿Qué? No, mirá. Señala tres razones tres... Con los deditos...
  • Primero: ustedes dicen, vamos a ver los fuegos artificiales y salimos a verlos y ustedes no vienen...
  • Segundo: es porque se quedaron poniendo los regalos...
  • Tercero: después nos llaman y dicen pasó Papá Noel! Y los regalos ya están...
Aja, ejem, mjú. Bueno, pero pasa rápido Pa pá No el, digo y comento que camines rápido que la coca se calienta y hace calor y el sol arde...
Mas él responde: pero ustedes nunca ven los fueguitos con nosotros. 
- ¿Cómo sabés?
Dedo acusador: yo me acuerdo, los veo con el abuelo...
Ella (11 flamantes añitos): má, ya te picó el boleto. Convencete. 
Yo: creo que me avivé a los 10.
Ella de nuevo: a mí me avivó el Gonzalo G. Lo odié. Por eso y por muchas cosas más. 
Ella odia con facilidad y ama con la misma intensidad. Sin medias tintas. 
Elijamos el regalito, entonces. Pero hagamos de cuenta y que sea una sorpresa. 
En primer lugar,  todos les pedimos antiparras. Sí, pero no esos de once pesos que les entra agua ¿eh? ¿Quién hizo el aporte? Ella. 

9.10.10

ADRIANA MARÍA, MI PRIMA Y AMIGA


Éramos muy chicas y muy primas por opción porque yo soy prima prima del papá. O sea su tía segunda pero más chica, pero nos pusimos primas y somos primas.Al hermano le decíamos Viero, por Javier, con el Viero veíamos La dimensión desconocida y armábamos con Rasti o leíamos comics de Superman.
Sin embargo con ella,la Adri, pelábamos la futura yegua de adentro y actuábamos, bailábamos e imitábamos a cuanta modelo, cantante o actriz que nos pareciera una usina de sensaciones que iban despertando.
Viajábamos de su casa a la mía y viceversa con las botas acordonadas no acordes para la edad en una bolsa o los hotpants con cinto con flecos encanutados. Llegábamos, nos vestíamos, poníamos el long play de Música en Libertad (ya hablé de esto acá) y cantábamos moviendo las melenas.
Pero había una canción que, en conjunto o a solas, nos hacía llorar. Premonitorio sería. Porque se trataba de "ser rebelde" y nos daba una angustia que era imposible de definir. Ya pasamos "esa" rebeldía y estamos, digamos, en otra. Cuando nuestras hijas se juntan, desandan aventuras andadas por sus madres.
Hoy necesitaba compartir con ella (y el que lea y quiera oír) esa canción del año del moño que cantábamos con algún palo por micrófono. Una vez ella, la otra me tocaba a mí. Fuimos así de ingenuas, bravas después y ahora... Ahora nos guardamos un cacho de esa rebeldía y obvio, también tratamos de pelarla.

12.9.10

ANGULO RIMA CON...

Domingo, mañana, post desayuno.
Pelamos carpetas, cuadernos, lápices, libros y los benditos deberes. División de tres cifras por un lado, r rr según sea el caso, por el otro. ¡Más rimas!... y eso divierte mucho.
Gracias a Gianni Rodari y sus binomio fantástico (miren el link, ¡es tan ameno!) hacemos pares de palabras que riman y luego la convertimos en versito. Jabón - limón. Celeste - Terrestre. 
¡Se va la segunda! Invento una petit poesía para que el pequeño termine rimando y sus ocurrencias son muy particulares: si no le sale, la inventa, estira palabras, les cambia la acentuación. La cabeza de la hermana trata de saltar de los números al universo de las palabras que le fascina y no puede con su genio e interviene. Antes que se arme la Guerra de los 15 minutos, deporto al genio literario y seguimos con el mundo de la abstracción.
Más tarde, durante el almuerzo, comemos pollo con papas y se me ocurre seguir con las rimas de esas picantes que a ellos les gustan más. Soy muy mala para los chistes pero igual me las arreglo  y les cuento ese de los que se peleaban por comer un pollo y el que reparte dice que a cada uno le corresponderá la parte que rime con su apellido: a Zapata, la pata, a Zabala, el ala y a Angulo? jaaaaaaa... estallaron. De ahí vinieron las rimas con los postres, las comidas, las frutas y listo, ya me cansé.

23.8.10

TOTAL

Los domingos son pésimos, tontos y malparidos. Aunque veces le ponés un poco de voluntad, algunos amigos, mates o asado. Pero llega la tardecita y agarrate. Y si dormiste siesta, agarrate más fuerte.
Vamos, que falta para que la noche se cierre. La mesa de la cocina despliega un menú de carpetas, lápices de colores y migas. Bueno, coraje.
El niño no quiere hacer los deberes y escribe lento y mal y yo quiero liquidar la tarea antes de liquidar-lo-a- él. Ella celosa y disgustada porque se acaba el sol y no sacamos ni a pasear a las perras pregunta cosas absurdas. 
Me enojo, me levanto, caso la notebook y me encierro con auriculares incorporados y me doy cuenta que estoy más enojada conmigo y el día que se va que con ellos.
Oigo algo a lo lejos: me saco los auriculares: "Dejala, después se le pasa, hace un chiste y nos cocina rico". Turros, malcriados y profetas. Total: me levanté, bajé las persianas para que no se cuele más la muerte del fin de semana y les preparé sánguches de ternera, jugo y mandarinas en casquitos.

22.5.10

¿QUÉ VES?

Veo veo. A veces acudimos a los juegos de la infancia para entretener a los chicos de "ahora" porque se aburren rápido, porque siempre esperan lo que sigue: ¿después que hacemos? y les cuesta disfrutar el AHORA. Ahora, mientras tanto, mientras vamos en el auto... miramos autos rojos, leemos carteles, gritamos PERRO cuando vemos uno y los sumamos. Si están haciendo kk vale doble. Y si ves un GATO, triple. 
¿Les enseñamos a jugar al elástico? ¿saltar a la soga? Tiiiiic taaaaaac. ¡Carta! ¿Para quién? También, sí, al cartero. En casa había un pasillo laaaargo que era especial para eso. También tenía una hélice que se disparaba por un alambre retorcido y pum al aire, pero era verde y teníamos ligustros. Horas buscando la hélice.
Mis hermanos fabricaban barriletes con caña. Le mandábamos cartas a través del hilo. La estatua, el pisa pisuela, el viejito (la atrapadita, traduzco). Puro movimiento y poco culo en la silla. Mucha escondida, ring raje, la farolera "trompezó", teléfonos descompuestos, zancos inventados con tachos y sogas. Alto ahí con pelotas de goma a rayas que se escapaban hasta el infinito. 
¿Pura nostalgia? No, sé que no seré una niña otra vez. Pura diferencia y el correr de los tiempos.

13.5.10

DAME NESQUIK

El niño además de sorprendernos con su desplazamiento en el cole, la verdad que en este primerito resultó como un pez en el agua: nada crol, pecho, espalda y mariposa sin ninguna complicación, tiene actividades que lo insertan en lo cotidiano para aprender, por ejemplo, los números. Jugamos a la Oca, los dados, las cartas y cuenta y dice quién gana o saca más puntos.
Ahora la actividad será armar un supermercado en el aula. Tuvo que llevar envases vacíos y como yo junto los "residuos secos" tenía un buen lote de botellas de jabón líquido, suavizante, cajas de té, fideos, etcétera. Cada uno aportó lo suyo. Además, en el libro vienen billetes y monedas troquelados y hoy inauguran. Pero a él lo que más le llamó la atención es que alguien llevó una lata de Nesquik...batido del cuál es fan ya sea en frío o en caliente.
Ayer, mientras le preguntaba los roles que ocuparían en el negocio, me dice: a mí me toca ser el vendedor de Nesquick y viste mami el chico de cabeza redonda? bueno, es mi asistente.
Me lo imagino en el rol con bigotes de chocolate y un asistente solamente para vender la chocolatada.
A mí me gustaría ser la patinadora, opina ella, pero en un super de verdad.
Hoy quiero ser una mosca molesta y resistente y entrar a ese mini super para no perdérmelos.

6.5.10

LA VACUNA LUNA LUNA LÚ

Me cuesta tanto llevar a vacunar a los niños. Es porque yo fui una cobarde de aquellas con las vacunas, el dentista y todo lo que implicara invasión corporal que pinchara. Azul es sumamente exagerada porque a la dosis de la jeringa le suma sobreactuación con unos sollozos extremos. Una vez tuve que firmar en una clínica que me comprometía a darle los antibióticos por boca porque no se dejó canalizar y otra vez una enfermera no la podía vacunar, ella decía: esperá que voy al baño y vomito, buahhhhhh. Iba y volvía. Y cuando la pinchó no sintió nadita.
Hoy fuimos con ambos para la famosa H1N1. ¿Va a doler? No, la aguja es finiiiiiiiita. Todo normal hasta que entramos al vacunatorio y Oso entró en pánico. Mami mami mami. Azul peló brazo, yo le apreté la cabeza en mi pecho y listo. Le dijo a él: nada de nada. Cuando le tocó, tampoco dolió. Luego volvíamos en el auto y  desempolvé mi vieja experiencia en el asunto:
Mamá tenía como 6 años y la nonita que era joven entonces,  la llevó a vacunar. Rossanita era chiquita pero coqueta, llevaba una carterita de cuero blanca de esas que se cierran a presión así: click. Le pidió a su mamá que le diera el carnet vacunatorio para llevarlo. Y ahí fueron las dos en colectivo. Cuando bajaron, la pequeña dijo: dejé la carterita en el ómnibus, ahora no me van a poner la vacuna. Pero la coartada me salió tan pero tan mal porque me tuvieron que poner todas de nuevo para tener completa la certificación para ingresar al primario.
Papi, al volante, me miró de reojo y me dijo: ¿qué hizo tu vieja? Nada, me compró un helado, dije. La verdad es que no me acuerdo que hizo. Pero si no me compró un helado, le pega en el palo. 
A los chicos les encanta que le cuenten anécdotas de los padres en las que puedan identificarse u opinar que hubieran hecho ellos en ese lugar. Mi marido sentenció: yo te las hubiera hecho poner todas en un día y en el mismo brazo por caprichosa. Y me vengué: ¿y vos que te hiciste caca en segundo grado y nadie quería ir al lado tuyo en el transporte?
Los chicos se despatarraban de la risa. Pero papá se defendió "lo mío fue involuntario, lo tuyo a propósito".
Al niño le encantan las historias escatológicas pero ella preguntó: ¿y era linda la carterita?...

25.4.10

¿SUÉLTAME PASADO?

La encontramos bien suelta, la encontraron, bah. En la Plaza de la Intendencia. Por ahí demoré un poco esto, su presentación en sociedad virtual, por temor a que la reclamen. Pero el veterinario me dijo que no, que se abandonan cientos de perros por día en la ciudad y quién sabe cómo llegó hasta allí. O la dejaron directamente.
Contactos directos con proteccionistas también me dicen lo que sucede a menudo con los perros abandonados. 
Pero...¿ Cómo habrá sido de bebé? me pregunta mi hija. Gloria es de papá porque nunca tuvo su propia mascota. Él le ha elegido el nombre, inclusive. Y se jacta de su cuerpo esbelto y estilizado, sus ojos delineados y su torpeza adolescente. Acusa alrededor de ocho meses. Apareció, justamente, el sábado de Gloria y la rescató Soledad, otra proteccionista que vive en frente. Enseguida vimos su foto en facebook en un grupo que se llama Patitas de Perro y la quisimos. Parece "ayudante de Santa", el perro de los Simpsons, nos reímos. "Es como un galguito", nos dijeron.
La buscamos y esperábamos ansiosos la reacción de mi Negra. Que reaccionó como dueña de casa, dueña de casa medio cascarrabias (es decir: mientras te portés bien, todo ok flaca) y Gloria los primeros días estaba como acobachada, intentando integrarse.
¿Quién la abandonó? se preguntan los chicos. Tiene las orejitas con el reverso rosado de cachorrona, es hambrienta, torpe y  divertida. La hacemos bailar y le enseñamos a salir con collar, menesteres en los que Blackie es una experta y mientras se los colocamos la mira de reojo como calculando a cuál le queda más lindo.
Suponemos que nadie la ha castigado, que no sufrirá el abandono de andar por la calle y que será nuestra por muchos años junto a la astuta y temperamental Negrita. Deseamos que otros como ella corran suerte similar.
"Má, hoy en el cole, pensé todo el día en ella", me dicen cuando salen. "Yo pensé también en Blackie, pobrecita". Más vale ¿cómo no pensar si las perras los han estado esperando toda la mañana?  El arribo a casa es una competencia por recibir y dar la primera caricia. 
 Quién ha tenido un perro se habrá sentido campeón mundial con el trofeo en mano de regreso a su pueblo en similar situación

24.4.10

LA MATERNIDAD ENLOQUECE

Una vez que los tuviste no podés imaginar la vida sin ellos. ¿Viste? me decía una amiga, somos mamás y ahora tenemos otras ocupaciones y nos fijamos en otros detalles como comprar shampú con olor a chicle, pisar de nuevo solamente las baldosas oscuras o encontrarle formas a la nubes.
Hoy hice un pingüino y lo pinté con témpera y creo que mejoré algo luego del cóndor encorvado de aquella vez. Sé que lo tiene que hacer ella y no me importa y me acuerdo que tengo ojitos móviles de esos para los muñecos de paño lenci y se lo pongo y el ojito la pone tan feliz que quiere quedarse con el dibujo "para siempre".
Él, sin embargo, está muy copado con el fútbol y juega en una canchita en la esquina con una banda sudorosa que luego entra a casa a tomar agua y jugar a la play. Le pregunto: ¿cómo te fue? y me dice: ganamos 6 a 0. Le digo: entonces perdieron. Al toque replica: no, ganamos 11 a 11. Si va al arco y le meten un gol viene empacado y se encierra en el cuarto por cinco minutos y vuelta a salir...
Todos los días me pregunta si voy a trabajar y cuando le digo que no festeja muy feliz y después ni me mira en toda la tarde, pero sabe que estoy. Hacemos palmeritas con masa para tartas y los viernes es día de menú fijo: milanesas con papas fritas.
Charlamos mucho, mucho. Creo que lo que más les gusta es eso: conversar con nosotros y nos sorprenden, nos dejamos sorprender, masajeamos el placer del crecimiento y las ocurrencias: cada vez que paso a tu lado me pedís un beso, protesta. Y si no se lo pido, me lo da igual. Protesta y le gusta.
Mañana tengo prueba, dice ella. Estudia y lee. En matemáticas le molesta que tenga que ser tan exacta pero no abandona la carrera hasta no cortar la cinta solita.
Los pienso donde esté, donde vaya, los huelo, les toco la piel suavecita del cuello y cuando cruzamos la calle de la mano siento el placer de la almohadilla de sus palmas infantiles. ¿Cuándo nos dejaremos de dar la mano al cruzar? El otoño alfombró el barrio de hojas y nos encanta arrastrar los pies al paso. Señoras no barran las veredas, señores dejen las mandarinas con hojitas porque saben mejor.
Hijos míos, crezcan y sean libres pero no dejen de darme un beso pegajoso cuando pasan a mi lado...

14.3.10

¿VAMOS AL CINE?

Cuando era chica iba mucho al cine. Me llevaba mi tía Elbita. Veíamos las de Disney más que nada y ese ritual se repitió. Luego las vi junto a mis sobrinos y otra vez más con mis hijos.
Para salir, había que ir re linda. Vestidito, zapatitos guillermina y cartera. No había shoppings en la era precámbrica mía, pero si unos cines maravillosos. Tampoco olor a pochoclo, pururú o palomitas de maíz, la cosa pasaba por el maní con chocolate, los turrones y los confites Sugus. Así lloré con Bambi (que cruel, midió), me espanté con las madrastras y me emocioné en las bodas de princesas que antes eran pobres hasta que las rescataba el príncipe. Los sapos eran de pozos de la realeza, los animales hablaban y los malos eran malísimos. Las publicidades eran imperdibles y había una del Instituto Nacional de Cinematografía, en dibujitos, que te animaba a llenar la entrada con tus datos y una señora con voz de cotorra decía: "yo vengo por el auto". No supe nunda de nadie que se ganara uno así. Tampoco hoy con otras promos.
Después de la función venía lo más lindo: el licuado en verano y el chocolate caliente en invierno. 
Hoy las salas agiornadas huelen a aceite de cocina, te obligan a comprar la gaseosa carísima (aunque nunca lo haremos) y tienen unas alfombras que dan ganas de ir como un gimnasta ruso hasta la sala aunque no sepas ni hacer la tumba carnero. Se hace cola para sacar la entrada, para el pochoclo y para entrar. A veces hasta para ir al baño y antes para estacionar. Hay cuatro cajas y habilitan una aun si es sábado a la tarde. El que recibe la entrada te dice: que disfrute la función y venís a ver El hombre lobo, por ejemplo. 
Pero sigue siendo un buen programa.... las butacas son más cómodas, el sonido es envolvente y el aire acondicionado al taco lo convierten en una excelente salida cuando el asfalto se derrite.
Ahora: extraño una cosa, cuando chica, apenas terminada la película, el público infantil estallaba en un aplauso. Recuerdo que eso me emocionaba. En estos momentos todos salen rajando para... seguir consumiendo!

20.11.09

TRATANDO DE CRECER


Él quiere leer ya. Trata de unir las letras o pregunta ¿qué dice acá? Esta es la A ... y le propongo que digamos palabras que comienzan con A, luego las dibujamos y el instinto nos lleva a seguir investigando otras letras y el misterio del lenguaje. Pone empeño en atarse los cordones, basta de abrojos que se aflojan y se preocupa por acomodarse el pelo de manera que el espejo no le devuelva el flequillo de Carlitos Balá. Luego me pregunta: ¿quién es Carlitos Balá? En realidad no quiere parecerse a ese personaje con el que la hermana lo gasta.
Ella, sin embargo, tiene más talento para las artes adivinatorias que para las matemáticas. Si tiene que resolver un problema trata de "adivinar" la operación para resolverlo. Así llegamos a la división por dos cifras y ahí al punto de que nos olvidamos como dividir en un papel. Cuando nos acordamos, nos preguntamos: ¿cómo lo traduzco en palabras? Su cara de desorientación me recuerda mi primer día en la primaria, cuando vi dos rayitas en el test de embarazo y cuando salí de la clínica con el primer bebé en brazos. Dividir es repartir, ¿estamos? Nos empantanamos en un cóctel numérico y emergemos a los bostezos. Termina tirada en la cama leyendo un libro sobre la vida de Velázquez y sus meninas mientras él dejó las vocales por un nuevo truco en la tabla de skate.
¿Yo? Dividida en dos. Multiplicada por 10 y con poco resto para terminar el día. Mientras, el papá, en un bar y luego de un concierto le consulta a un amigo a cerca de la operación olvidada. A la mañana lo comentamos en el desayuno: ¿te acordás?


10.11.09

LAS MEDIAS ME DAN CALOR


Los chicos crecen. Es tan trillada la frase que hasta Sandrini hizo una película con ese título. Pero cuando decís, este verano me las arreglo, bajás la bolsa con ropa del año anterior y los pantalones han quedado como para ir a pescar a La Cañada. Todas las remeras son puperas y los trajes de baño están cortas de tiro, dirían las modistas.
La historia es que partimos con plástico en mano a un lugar accesible pero permisible, mientras papá se arrodillaba ante un poster de Ozzy Osbourne a rogarle no se qué. Su lenguaje se parecía mucho al de Linda Blair en El Exorcista.
Con la niña combinamos colores, nos medimos, especulamos, trajimos. Hoy tienen que estar bonitos.

De entrada nomás, el niño se probó a regañadientes (hombres: género masculino, número plural: ¿porqué odian probarse pilchas?) Pero hubo algo que le gustó: un par de medias. De todo el conjunto de trapos le gustaron unas que vinieron adhosadas a las del color que yo deseaba. Esas medias tienen rombos y a él le parecieron "cometas" (¿barriletes?). ¿Puedo dormir con ellas mami? Si, hijo, puede.

2.11.09

OTRA VEZ TERNURITA




Ternurita de la niña que fui que escribía en los diarios de la escuela primaria notas y poesías sobre la lluvia. Que leía historias de amor y desventuras y escribía todo en libretitas. Como ésta que empieza con lo que tengo que acordarme de comprar y sigue con el argumento de Tiburón (1975) que fui a ver con mi papá a no sé que cine y llegué y le di letra ahí, al toque. Uno de mis mayores tesoros. Esa niña, mi niña, la que fui, escribiendo lo que la película le dijo en esa letra que tanto se parece a la actual, en esa tinta. Ahí estuve y estoy.

19.10.09

ESTO VALE

Este proyecto de orquesta social en una escuela de la periferia cordobesa es llevado adelante por mi marido y otros profes. El de camisa blanca es él.

20.9.09

AL QUE LE TOCA, LE TOCA


Comentamos de la primavera y los días previos de festejo. Ella dice que, a pesar de la prueba (fue a libro abierto, una papa) jugaron a la carrera de embolsados, a postas y cosas así y que perdió en todo. Digna o indigna, hija de esta madre, inútil para toda competencia. Él, sin embargo, cae con un cd que le regalaron en el jardín con las canciones que canta tooooodos los días y dice que fueron sala por sala donde hacían actividades. Entonces, contamos nosotros. Yo les cuento que jugábamos una carrera con un huevo duro en una cuchara y que, obvio, yo hacía rodar el huevo antes de pasar la línea de largada.
Abre sus ojos y me dice: ¿ahora? ¿con los compañeros de La Voz del Interior? Y no pude más que imaginarme en una ráfaga, en la playa de estacionamiento, a mis compañeros de trabajo haciendo estos juegos de kermés y dejando por un rato de lado la blackberry, los celulares, el twitter y las agencias de noticias. Al gran pic nic argentino, ¡salud!. Y salud también a la ingenuidad de sus cinco dulces años que caben en un copo de algodón de azúcar y conoce los golpes por los que se ha dado en la tabla descolorida de skateboard que le regaló su amigo.

19.8.09

A LA CUCHA, DIGO!



En la vereda, cucha super de lujo. Los atorrantes pasan la noche como si fuera un hogar pasajero pero se quedan. La señora que los alberga tiene una farmacia ahí en la esquina e hizo construir la una cucha donde caben un par. Cuando voy a buscar a la niña al cole, me encanta verlos panza al sol disfrutando del dolce far niente. Me hace acordar a una anécdota de casitas y chozas, que todos hemos hecho alguna vez. Viqui me contó que ella junto a su hermana, en unas barrancas cerca de su casa, se habían hecho un refugio que hasta cortinitas tenía. Vaya sorpresa cuando un día encontraron que a la casita la había ocupado un homeless convertido en ese momento en ocupa. Yo hacía mis casitas debajo de la mesa, cuando mi vieja o mi tía Ilda ponía las frazadas para planchar y quedaba oscurito.
Pero los de la foto la ligaron bien de arriba...