
Hoy el profe de natación de mi niña que luego fuera el mío, me ha mandado unas fotos de ellos de un par de veranos atrás.
Agua, verano, agua. Mucha agua. Me doy cuenta como está relacionado ese elemento en nuestras vidas: el primer ambiente en el que nos movemos como renacuajos.
Agua que nos limpia, que nos empapa, nos calma la sed.
Agua. Este año no he dejado de ir al natatorio una sola semana. Mientras nado sonrío, pienso, coordino, me hace feliz. Empujo y lo que antes me resultaba imposible lo va siendo menos. Y secretamente felicito por llegar a la otra orilla y mis pulmones me lo agradecen. Para mí es tan importante respirar y llegar al fondo, cambiar el aire.
Luego salgo y suspiro, respiro profundo, me recuerdo a un perfume de Kenzo que tiene olor a agua y hace años que no compro. El de la forma de hoja. Se llama agua en francés. Mi fragancia perfecta.
