
Comentamos de la primavera y los días previos de festejo. Ella dice que, a pesar de la prueba (fue a libro abierto, una papa) jugaron a la carrera de embolsados, a postas y cosas así y que perdió en todo. Digna o indigna, hija de esta madre, inútil para toda competencia. Él, sin embargo, cae con un cd que le regalaron en el jardín con las canciones que canta tooooodos los días y dice que fueron sala por sala donde hacían actividades. Entonces, contamos nosotros. Yo les cuento que jugábamos una carrera con un huevo duro en una cuchara y que, obvio, yo hacía rodar el huevo antes de pasar la línea de largada.
Abre sus ojos y me dice: ¿ahora? ¿con los compañeros de La Voz del Interior? Y no pude más que imaginarme en una ráfaga, en la playa de estacionamiento, a mis compañeros de trabajo haciendo estos juegos de kermés y dejando por un rato de lado la blackberry, los celulares, el twitter y las agencias de noticias. Al gran pic nic argentino, ¡salud!. Y salud también a la ingenuidad de sus cinco dulces años que caben en un copo de algodón de azúcar y conoce los golpes por los que se ha dado en la tabla descolorida de skateboard que le regaló su amigo.







