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25.8.10

ESTÁ CRECIENDO...

Síntomas de que sus repisas se llenaron de olorcitos ricos, sus paredes de posters, sus libros de curiosidades y sus pensamientos, ella sabe de sus pensamientos... Quiere más mamá que nunca aunque le parezca ridícula la música que escucho o que me nefregan tantas cosas que a ella... obvio que no!
Crece mi primera hija, todos los días cambia un molar o premolar y se peina como describe el tema de Eric Clapton, my lentamente. Combina colores, lee, hace coreografías, el hermano le da ternura pero dice que lo odia.
Crece y me doy cuenta que el prospecto se despliega hacia un espacio que aún no había explorado. Hoy saqué esas fotos, y ya casi no hay juguetes aunque todo sea tan delicado y sobrecargado. Ya no la quiero más, hoy le dije, la ADORO. Lo mío no tiene retorno.

20.11.09

TRATANDO DE CRECER


Él quiere leer ya. Trata de unir las letras o pregunta ¿qué dice acá? Esta es la A ... y le propongo que digamos palabras que comienzan con A, luego las dibujamos y el instinto nos lleva a seguir investigando otras letras y el misterio del lenguaje. Pone empeño en atarse los cordones, basta de abrojos que se aflojan y se preocupa por acomodarse el pelo de manera que el espejo no le devuelva el flequillo de Carlitos Balá. Luego me pregunta: ¿quién es Carlitos Balá? En realidad no quiere parecerse a ese personaje con el que la hermana lo gasta.
Ella, sin embargo, tiene más talento para las artes adivinatorias que para las matemáticas. Si tiene que resolver un problema trata de "adivinar" la operación para resolverlo. Así llegamos a la división por dos cifras y ahí al punto de que nos olvidamos como dividir en un papel. Cuando nos acordamos, nos preguntamos: ¿cómo lo traduzco en palabras? Su cara de desorientación me recuerda mi primer día en la primaria, cuando vi dos rayitas en el test de embarazo y cuando salí de la clínica con el primer bebé en brazos. Dividir es repartir, ¿estamos? Nos empantanamos en un cóctel numérico y emergemos a los bostezos. Termina tirada en la cama leyendo un libro sobre la vida de Velázquez y sus meninas mientras él dejó las vocales por un nuevo truco en la tabla de skate.
¿Yo? Dividida en dos. Multiplicada por 10 y con poco resto para terminar el día. Mientras, el papá, en un bar y luego de un concierto le consulta a un amigo a cerca de la operación olvidada. A la mañana lo comentamos en el desayuno: ¿te acordás?


28.3.09

SUS OJOS LLENAN CÁNTAROS

Es inevitable. El crecimiento provoca dolor, ya lo han dicho los traumatólogos: de noche, muchas veces, los niños sienten dolores de huesos provocados por el crecimiento.
Pero ¿y el dolor ese que nos carcome el corazón? ¿el dolor de crecer, de descubrir lo que significa la muerte, que no todo sale como deseamos o que los errores tienen un precio?
Creo que muchos recordamos algún hito que marcó un dolor de crecimiento. Una muerte, una separación, una despedida, unas lágrimas mojando la almohada hasta quedarnos dormidos aún siendo niños.
Mi hija, mi niña de la que he dicho que ya tengo que hacerla sentar para poder hacer sus peinados favoritos, que hurta algunos artilugios femeninos de mis cajas para mirarse al espejo, ha comenzado a transitar ese camino.
Sufre, y en sus lágrimas identifico mis recuerdos de dolor de crecimiento.
Má, me saqué un sati, tengo miedo que me retes. La abrazo, acabamos de detenernos en un estacionamiento. Sus ojos diluvian y sus pestañas larguísimas parecen estalactitas. Ese sati le ha dolido por lo inesperado, por lo novedoso, porque lo cree injusto, porque las calles comenzaron a bifurcarse y lo acostumbrado (navegar por aguas dulces) comenzó a ser lo inusual en estos casos.
Nos sentamos, conversamos, le seco las lágrimas que me estremecen y me contengo.
Vamos a reforzar algunos aspectos, vamos a fortalecernos, tenemos que aprender de esto también. Estamos en la sala de la espera de su pediatra por algo rutinario.
Entramos, la miden, la pesan, le preguntan como se alimenta, ella cuenta y ya está animada. El hermano se le sienta al lado y le da la mano. Se miran y sonríen. Se tienen también y ya lo saben.
Como alivia el dolor saber que alguien te puede contener cuando, por suerte, la soledad no desespera.

30.9.08

CINCO VELITAS

El está por cumplir 5 y tiene una ansiedad de aquellas. Nosotros le aumentamos la emoción dejándolo elegir el motivo de la fiesta: Wall E, las sorpresitas y el menú. Ya ha repartido las entradas y el regalo viaja desde hace unos días en el baúl del auto de una punta a otra de la ciudad, único lugar donde está seguro de no ser descubierto. Un día le conté a mi marido que yo le hurgaba todo los recovecos a mi vieja para hallar los obsequios con anticipación y lo desorientó de tal manera, sumado al pánico que lo descubran, que los esconde allí como único lugar seguro.
Estos cinco años se me han disparado como un cañita voladora. Ya sé, es palabra de madre que siempre se alborota cuando los chicos suman velitas... Pero de verdad, el varoncito usa la palabra Bebé como insulto (mamá sos una bebé, no sabés manejar el joystick) y a la sala de tres le dice que es la de los bebés. Pidió unos botines zapatillas por calzado y hace rato volaron las rueditas de la bici. Un nene, un hijo, un hermano, un amigo, un alumno de la sala de 4 (aún). En todo este remolino de invitaciones, tiempos para fabricar galletitas de su placer y comprar los chiclets de Batman, le hemos preparado una coreografía con la hermana. Quedamos muy ridículas las dos cantando el cumple medio rapeado y haciendo pasos al unísono (al menos intentándolo) El nos mira con una mezcla de asombro y vergüenza ajena. Pero se emociona y luego nos abraza.
Aún le queda mucha dulzura... Me hace feliz.