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5.7.09

ELOGIO A LA CROTEZ

Primero, te pido que te remontes a la etimología de la palabra croto haciendo click en la misma y para no parecerme a Grondona ni de cerca, paso a elogiar ese estado sin más detalles.
La Negra Vernaci en su programa dice que "la joguineta gris es un viaje de ida" y cuánta razón tiene. Le agrego, el pijama también. Estás en tu casa, no vas a salir, te levantás, tomás unos mates y así quedaste en pijamas.
O tal vez te pusiste a limpiar, calzaste un jogging y en vez de decidir salir a trotar, agarrás el escobillón, seguro que lo manchás con lavandina y hasta que no llega la hora de entrar a la ducha te lo dejás. Crotez mal, pero mal. El pantalón al que ahora llaman color gris melange adquiere el contorno de tu cuerpo, de tus rodillas y aún estando parada derechita parecés flexionada. Tiralos. No, ¿por qué? si cuando llueve... si cuando voy al campo. No, cuando vas al campo no te lo pondrás y no lo vas a tirar jamás. Ni para la cucha del perro están.
Los que tenemos alma de crotos sabemos que eso está mal, pero en el fondo del placard hay un buzo antiguo y demodée que evitamos revolear a la basura. Porque es el símbolo del domingo de lluvia y vagancia, de la siesta enroscada en el sillón del living, de cortar los hojas secas en el otoño total no se nota y de que el espejo es un mentiroso. Mientras tanto don Crotto, déjenos en paz. Mañana es domingo.

5.4.09

MUJERES DE CABO A RABO

Llamanos frívolas, coquetas, gastadoras, junta porquerías o lo que quieras. Lo que se te ocurra, pero a las mujeres, dentro o fuera del shopping o donde sea, nos gusta salir de compras y si es sin hombres, mejor (vaya, que para ellos zafar es mucho más que una liberación) Porque no entienden que "necesitamos" botas este año o que una bufanda turquesa sería indispensable para combinar con cierta pulsera. O que cierto abrigo quedó fuera del placard hace rato y por más que sea calentito, lindo y no esté gastado no lo podemos ni "mirar". "Me pica", "me tira la sisa", "tiene color ratón", replicamos y ellos nos miran con cara de no entender si hablamos de que nos entró una basura en el ojo o es tiempo de traer un gato a casa.
Así es: todas las temporadas partimos a hacer tiritar el plástico o el efectivo (escaso por cierto) porque nos declaramos en bolas y si hay chicos, ni hablar... los pantalones le llegan a los tobillos, las camisetas a los codos y las camisas ya son puperas. Lástima que las zapatillas no se pueden alargar como los patines porque ésas sí que son indispensables.
Una siesta mamá invita a hija, deposita hijo que heredó la genética anti shopping de papá en un cumple y parte con el cometido de derrochar el dinero (que creyó perdido) recuperado y encontrado dentro del libro de Krishnamurti (al que le dediqué un tercer ojo durante un día completo)
A ese punto quería llegar: que lindo que de pronto, la chiquita que se escondía entre los percheros y asustaba clientas distraídas o se metía en el asecensor apresurada mientras vos te quedabas del otro lado papando moscas y luego desesperada volabas por las escaleras a lo bombero, se transforma en tu compañera. Y se las banca (no te abre el probador inesperadamente ni pide ir al baño cuando lográs que te atiendan) , y te juzga (y a veces ofende) : eso es de joven, má (je je je) y opina: me parece que la vendedora no tiene ganas de atender... Revolvimos, sacamos, pusimos, nos medimos y nos tomamos todo el tiempo que quisimos.

Fuimos a la librería, elegimos, preguntamos, pagamos y felices nos fuimos a tomar un helado y un café (adivinen qué le tocó a cada cuál).
De vuelta, buscamos al muchachito que quedó alucinado con su librito sobre el cuerpo humano igual que el progenitor con su regalo y que aún duda entre la culpa y el acto de amor de habernos acordado de él también. Ambas contentas: lo que yo me pongo para salir a ella le sirve de disfraz. No sé si cazás la ironía.

22.9.08

ILUSA DE MÍ...


... que me creí que con la compra de unos zapatitos fucsias sería suficiente para cortar la cinta que separaba el invierno de la primavera... Ahí quedaron en su caja a rayas mientras no puedo dejar de usar las botas con medias...

Más o menos como imaginarte que los límites de las provincias serían una rayita un puntito una rayita un puntito y cuando llegás no hay nada. Eso, no pasa nada, hay sol pero ni olor a azahares ni es todo verdor.