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5.4.09

MUJERES DE CABO A RABO

Llamanos frívolas, coquetas, gastadoras, junta porquerías o lo que quieras. Lo que se te ocurra, pero a las mujeres, dentro o fuera del shopping o donde sea, nos gusta salir de compras y si es sin hombres, mejor (vaya, que para ellos zafar es mucho más que una liberación) Porque no entienden que "necesitamos" botas este año o que una bufanda turquesa sería indispensable para combinar con cierta pulsera. O que cierto abrigo quedó fuera del placard hace rato y por más que sea calentito, lindo y no esté gastado no lo podemos ni "mirar". "Me pica", "me tira la sisa", "tiene color ratón", replicamos y ellos nos miran con cara de no entender si hablamos de que nos entró una basura en el ojo o es tiempo de traer un gato a casa.
Así es: todas las temporadas partimos a hacer tiritar el plástico o el efectivo (escaso por cierto) porque nos declaramos en bolas y si hay chicos, ni hablar... los pantalones le llegan a los tobillos, las camisetas a los codos y las camisas ya son puperas. Lástima que las zapatillas no se pueden alargar como los patines porque ésas sí que son indispensables.
Una siesta mamá invita a hija, deposita hijo que heredó la genética anti shopping de papá en un cumple y parte con el cometido de derrochar el dinero (que creyó perdido) recuperado y encontrado dentro del libro de Krishnamurti (al que le dediqué un tercer ojo durante un día completo)
A ese punto quería llegar: que lindo que de pronto, la chiquita que se escondía entre los percheros y asustaba clientas distraídas o se metía en el asecensor apresurada mientras vos te quedabas del otro lado papando moscas y luego desesperada volabas por las escaleras a lo bombero, se transforma en tu compañera. Y se las banca (no te abre el probador inesperadamente ni pide ir al baño cuando lográs que te atiendan) , y te juzga (y a veces ofende) : eso es de joven, má (je je je) y opina: me parece que la vendedora no tiene ganas de atender... Revolvimos, sacamos, pusimos, nos medimos y nos tomamos todo el tiempo que quisimos.

Fuimos a la librería, elegimos, preguntamos, pagamos y felices nos fuimos a tomar un helado y un café (adivinen qué le tocó a cada cuál).
De vuelta, buscamos al muchachito que quedó alucinado con su librito sobre el cuerpo humano igual que el progenitor con su regalo y que aún duda entre la culpa y el acto de amor de habernos acordado de él también. Ambas contentas: lo que yo me pongo para salir a ella le sirve de disfraz. No sé si cazás la ironía.

6.3.09

¡PARÁ DE SUFRIR!

Tenemos (teníamos) el mismo sodero que trae también el agua. Una vecina nos lleva y devuelve los niños del cole. La de al lado nos hace las tortas. El herrero es el ex marido de la del frente. Los de la librería juguetería, por más que no fían un centavitito tienen de todo (mapas, botones, hojas así y asá, láminas, regalos, pelotas de ping pong, porquerías varias) y encima escucha rock progresivo. Con los panaderos no somos tan fieles porque nos gustan los panes de una que queda lejos, pero sí con el carpintero y el almacenero (está abierto hasta tardísimo y el queso en fetas que tiene es delicioso). La heladería es nuestra favorita, te trae el helado que le pidas, no son mezquinos con las salsas y si sos pretencioso te lo da en la boca sin mancharte. En la farmacia de la esquina conseguís desde curitas hasta aceite de almendras o regalos de emergencia. Lo mismo la pollería, aunque carecemos de carnicería a mano. Ni les cuento de la señora que vende cosmética con los libritos, una amorosa, aguantadora, todos los elogios. El diariero - revistero nos trae las publicaciones que suponen que nos gustarán y nos cobra a las cansadas. Eso sí no hay un jardinero como en Amas de casa desesperadas y los vecinos del otro lado son bien cochinitos y guarangos (me han grafiteado las paredes y hacen asados en la calle y escuchan cuarteto con demasiada frecuencia, además de usar mi jardín de basurero).
Pero hay un problema: cuando quiero cambiar, elegir otro o algo no me gusta, me da culpa. Hoy no nos animamos a decirle que no a la chica del transporte porque aumentó bastante y terminó haciendo una rebaja. Tuvimos que cambiar de aguatero porque el del barrio no nos conseguía la maquinita enfriadora y nos desarmamos en explicaciones. Ni te cuento cuando compramos un helado en otro sitio las vueltas que damos para no pasar por "la nuestra".
Se siente una traición a la economía del otro o a la propia ética y a su vez nos vemos como unos idiotas incapaces de consumir donde se nos canta.

10.6.08

UN SUSPIRO

La pesada carga de ser la "mano suelta" de la pareja ha caído sobre mí. Con ese título deambulo por los shoppings, las jugueterías, librerías y etcéteras con la tarjeta o el efectivo a mano sin que me pese demasiado sacarlos de la mochila. Laburo, laburamos, le demos. Pero las cuotas suben y el ingreso no y entonces hacemos un stop por un tiempo. Reflexiono hasta el nuevo ataque. "Lo que no se va en lágrimas, se va en suspiros" es mi lema en estos casos. No te vayas a arrepentir si dejaste pasar la oportunidad de ese libro que tanto querías por no hechar mano al plástico. Casi a mitad de año, tocamos fondo. Mal. Llegó el momento de recuperarnos. Como soy la que manejo la microeconomía hogareña, trato de no apoyar el trasero en cuanto restaurante se me cruce y cocino, por ejemplo. Me controlo en los regalos. Disfruto de la vida al aire libre, antes que los espectáculos encerrados, "para evitar la gripe, chicos".
Oh, casualidad. Este mes se nos ha roto: un televisor, un repro de DVD, la cocina está agonizante y uno de los placares se está desarmando como la reposera de la Pantera Rosa. Aún así mis manos están atadas. Pero a él lo derribó, de repente, el consumismo. Se fue a una "gran oferta" y se vino con un 29 pulgadas que traía adosado el reproductor de DVD. Eso no es todo, al pagarlo y ver que no contábamos con más planes largos para financiar, pagó la mitad al contado. Así de inconsciente: "pudo más el honor, no lo iba a dejar", me dice. Es una actitud típica mía (no la del honor, porque a mí lo que piensen me tiene sin cuidado) apelar a disfrutar la carencia antes que padecerla. ¿Las enseñanzas están dejando huellas? De más está decirlo que hemos empeñado nuestro aguinaldo.

23.10.07

CONTRARIEDADES COTIDIANAS (en el super)

  • Que te cambien de lugar los productos y góndolas. Es habitual y estratégico porque te obliga a recorrer el super una y otra vez. Pero jode.
  • Que te toque el carrito con las ruedas chuecas y vayas ridículamente pechando para un lado mientras el tipo se retoba.
  • Confundirte de producto mal. Por ejemplo, odio el queso roquefort y a veces, cargo el untable porque algunos vienen con tapa verde igual que el light.
  • Que la fruta sea tan fea y cara. Idem la verdura.
  • Que la carne tenga una pinta bárbara de arriba y abajo pura grasa.
  • Que dejen carros haciendo "cola".
  • Estar en la cola más lenta y densa.
  • Que no haya aire acondicionado a full en verano.
  • Que las galletas estén rotas.
  • Poner cosas encima del pan lactal y se aplaste.
  • Que los cajeros embolsen mal los productos. Casi todos tenemos un método porque desembolsar es muy tedioso. Los de limpieza por un lado, los que van al freezer por otro, los livianos en otra bolsa, etcétera.
  • Ya que estamos, que las bolsas sean de mala calidad y se corten las manijas. Voto por las cajas, en definitiva.
  • Que los niños se atoren igual que el changuito. Una vez mi pichón se abrazó a un Batman de su mismo tamaño y no había forma de destrabarlo. Costaba cerca de 200 mangos. Qué momento. Otra vez, en otros tiempos, mi niña se abrazó a un bebuchón y se lo compré. Al otro día fue al mismo super con mi hermano y se abrazó al mismo muñeco y se lo compró. O sea, tuvo mellizos con un día de diferencia. Horror.
  • Cargar esos changos con autito luego de esperar que se desocupe uno y cuando lo tenés, el niño no se queda ni dos minutos.
  • Que los chicos jueguen a las escondidas entre las góndolas. ¿Y a estos chicos quién los conoce? Ejem.
  • Que no haya los productos fetiches con marcas fetiches. Dulce de leche Sancor, Yerba Rosamonte, Galletitas Diversión, Tosti Arroz, Postre Ser, Pan Bimbo, Chocolate Toddy, por ejemplo.
  • Que no te alcancen los tickets, la plata o estés harto de pelar la tarjeta.

Vos tendrás tus contrariedades me imagino.