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14.3.10

¿VAMOS AL CINE?

Cuando era chica iba mucho al cine. Me llevaba mi tía Elbita. Veíamos las de Disney más que nada y ese ritual se repitió. Luego las vi junto a mis sobrinos y otra vez más con mis hijos.
Para salir, había que ir re linda. Vestidito, zapatitos guillermina y cartera. No había shoppings en la era precámbrica mía, pero si unos cines maravillosos. Tampoco olor a pochoclo, pururú o palomitas de maíz, la cosa pasaba por el maní con chocolate, los turrones y los confites Sugus. Así lloré con Bambi (que cruel, midió), me espanté con las madrastras y me emocioné en las bodas de princesas que antes eran pobres hasta que las rescataba el príncipe. Los sapos eran de pozos de la realeza, los animales hablaban y los malos eran malísimos. Las publicidades eran imperdibles y había una del Instituto Nacional de Cinematografía, en dibujitos, que te animaba a llenar la entrada con tus datos y una señora con voz de cotorra decía: "yo vengo por el auto". No supe nunda de nadie que se ganara uno así. Tampoco hoy con otras promos.
Después de la función venía lo más lindo: el licuado en verano y el chocolate caliente en invierno. 
Hoy las salas agiornadas huelen a aceite de cocina, te obligan a comprar la gaseosa carísima (aunque nunca lo haremos) y tienen unas alfombras que dan ganas de ir como un gimnasta ruso hasta la sala aunque no sepas ni hacer la tumba carnero. Se hace cola para sacar la entrada, para el pochoclo y para entrar. A veces hasta para ir al baño y antes para estacionar. Hay cuatro cajas y habilitan una aun si es sábado a la tarde. El que recibe la entrada te dice: que disfrute la función y venís a ver El hombre lobo, por ejemplo. 
Pero sigue siendo un buen programa.... las butacas son más cómodas, el sonido es envolvente y el aire acondicionado al taco lo convierten en una excelente salida cuando el asfalto se derrite.
Ahora: extraño una cosa, cuando chica, apenas terminada la película, el público infantil estallaba en un aplauso. Recuerdo que eso me emocionaba. En estos momentos todos salen rajando para... seguir consumiendo!

2.9.09

PAQUETE

Mis abuelos paternos vivían en Alta Córdoba, en una casa grande que iba de calle a fondo. Bueno, la casa supongo que era chorizo y en el fondo había algo cultivado, un horno de barro, gallinero y árboles. Luego, eso se dividió en la cantidad de hermanos (siete) y construyeron allí sus casas y quedó un pasillo ancho. Mi mamá vendió su parte y picó champión. Pero, obviamente, íbamos con frecuencia a visitar los tíos, más aún la tía Elbita, que era el punto de reunión: almuerzos, meriendas, tejidos, devanar lana (embole mal) y siestas eternas.
Un tío que vivía casi al fondo, tenía un perro muy malo que se llamaba Paquete. Si estaba afuera el Paquete todo el mundo estaba adentro. Pero más al fondo aún había unos árboles para trepar y jugar a la nave espacial. Nos encantaba subir con mi prima Patri, mejor dicho, ella trepaba como un gato luego de que a mí me hiciera pié con las manos entrelazadas, me empujara del culo y yo me llenara de rasguños con la corteza gruesa de nuestra Endeavor.
Un día, íbamos muy felices al árbol del fondo, portando la guitarra criolla, mi prima cantaba deliciosamente La Avenida de Los Tilos de Luciana y algunos temas de Pastoral. Y no nos dimos cuenta de que el infeliz del Paquete estaba suelto. Ella puso a salvo su guitarra y su humanidad sobre una tapia en un santiamén. Yo puse el grito en el cielo y el cuadrúpedo sus dientes en mi muñeca izquierda. Hincó pero la piel curtida por los soles siesteros no derramó una gota de sangre. Dolió y mucho y salieron tíos vecinos y el animal pasó pal fondo de su patio de un escobazo. Era petiso, peludo y tricolor. No era como el Pipo, el perro de mi prima, que era buenazo y tenía el maxilar inferior que pedía a gritos una ortodoncia. Seguro que si hablaba te escupía toda.
Terminamos en el árbol cantando nuestras canciones, por supuesto. Mi cara ardía surcada por las lágrimas sobre el rostro empolvado de tierra y al que luego del baño mi mamá le pasaría Nivea al igual que a las rodillas (para que cuando seas grande las tengas lisitas...)

11.4.09

LA TÍA ELBITA

La hermana de mi mamá era la tía Elbita. Supongo que la llamábamos en diminutivo porque era chiquita y en su familia era la más pequeña también. Su mamá, mi nona, murió cuando ella tenía un año y se crió a la sombra de su única hermana mujer que entonces tenía 10 años: mi vieja.
Era la tía de los domingos eternos (almuerzo, mateadas y cenas con lo que quedó de lo anterior), la que tejía con agujas super finitas y hacía sueters de esos peludos que luego cepillaba con cardos.
En su casa siempre hubo un olor particular como en todas las casas. Pero la suya tenía olor a sopa de verduras, no sé porqué. Y a mí me encantaba la sopa de verduras. Me quedaba a dormir a menudo allí, tenían un cuarto para sobrinos, nietos o el que sea y recuerdo haberme dormido siestas eternas en un cuarto con tele y cortinas celestes.
La tía no vivía lejos de casa y hacía ese camino bastante seguido para visitarnos, cargada de lanas para devanar (¡qué embole querida tía Elbita!) y tomaban pavas de mates con mis viejos mientras le sacaban el cuero al resto de la parentela.
Le gustaba leer el Corín Tellado, las revistas Labores, los canarios y los perros. Todos teníamos, aún los más jóvenes que ella, esa actitud protectora que se tiene con alguna gente, será porque no pasaba del metro cincuenta o porque perdió un hijo cuando era niño y ese dolor se reflejaba en portarretratos y virgencitas diseminadas por toda su casa.
Siendo pequeños, era un placer parar la oreja entre tanto biscochuelo, punto santa clara y gajos de geranio. Porque en eso de trasplantar gajos era una experta. Les encantaba ir a los viveros con mi vieja y mientras una preguntaba precios de rosales, la otra, en la otra punta, cortaba gajos al azar. Nena, eso no es robar, solamente es perpetuar la vida de una plantita, me mentían. Y llenaba de macetas el frente, el fondo y los muros de jazmines del aire que perfumaban los noviembres.
La tía Elbita se murió un de día de San Valentín. Ella también se llamaba Valentina y cuando le decíamos así se enojaba, no le gustaba. Había nacido el día del Santo de los enamorados y en su mismo onomástico, se fue. Aún le hubieran quedado años por vivir, pero así es la vida de injusta, se tuvo que ir. Pero nadie se va del todo, ¿no?

30.3.09

PARA NO VERTE TANTO

Al chip de la música no me lo van a sacar más. Escucho, canto, curioseo en términos musicales. Cuando comencé la facultad, fahhhh, había todo un universo y una oferta extraordinaria en ese aspecto: recitales, cantantes por descubrir, festivales, casetes, etcétera.
Con mis amigas íbamos donde podíamos o queríamos sin más patrimonio que la plata para el pasaje de colectivo, un sueter, y el walkman siempre a mano.
Rock, nuevas trovas, algo de folklore y pop, nos encantaba hacer colas en los recitales porque ahí conocíamos más gente del palo y nos divertíamos a morir. Bebíamos lo que caía en nuestras manos, y otras cosas que nos daban ataques de risa y nos ponían los ojitos achinados. Escondíamos petacas en las medias y entrábamos a los estadios y cuando salíamos esperábamos a Fito, Lebón, Los Moura, Prodan, a quién sea para curiosear.
PARA NO VERTE SIEMPRE...
Un día Mercedes Sosa tocaría en Cosquín, sola. Había vuelto al país con un repertorio excelente y todos queríamos oírla. El tiempo sobraba y el dinero no, pero partimos igual creo que, de todos modos, hasta Ushuaia nos quedaba cerca.
Apenas llegamos al anfiteatro, las luces se apagaron y una horda de "los sin entradas" corrió y saltó las vallas. Nosotras también, obvio. La última era la más alta y un pibe me tomó de los tiradores del jardinero (los usaba a morir, de jean o a rallitas y con zapatillas tenis) y me levantó por los aires y ya estaba del otro lado. Las otras chicas también. Nos abrazamos felices y a disfrutar. Estos chicos habían venido del Gran Buenos Aires, de Alejandro Korn, recuerdo. El recital desembocó en una visita a la morada de ellos: una plaza donde ellos estaban parando por unos días (nena, en qué andás vos?) y nosotros esperábamos el amanecer para volver. El que me levantó por los aires tenía el pelo largo y dorado, era grandote y estaba curtido por el sol. Cuando te digo grandote es que tenía sus buenos asados encima. ¿Y vos que hacés? Pinto, me dijo. Enseguida me lo imaginé a lo Miró ante un lienzo. No, pintaba casas, paredes, esas cosas. Y cantaba muy dulce y tocaba la guitarra y no paraba de mirarme a los ojos. Adentro de los ojos.
"Ojalá pase algo que te borre de pronto, una luz cegadora, un disparo de nieve, ojalá por lo menos que me lleve la muerte" y me miraba. Comenzaba a amanecer y nuestra carroza ya era un zapallo podrido y ya teníamos que regresar. Todo lo que hizo es seguir mirándome dentro de las pupilas y despedirse con un beso en mi mano.
De vuelta, dormimos como osos. Por un tiempo, recibí un par de cartas de él y siempre terminaban: "para no verte tanto, para no verte siempre, en todos los segundos... en todas las visiones..."
Y cuando me escasea el autoestima, me salta esta historia romántica, platónica y necesaria que pertenece a los 20 años que se encuentran en algún sitio en el corazón. Y como dije al principio, hasta banda musical tiene.

9.2.09

AGUAVIVA



Hay que bracear, hay que patalear... Ahora, además de cumplirlo y descubrir o redescubrir que, realmente, nadar es una de las cosas que más me gusta. Cada vez que voy a clase recuerdo esta canción y a Los Brujos, banda alternativa y emblemática de los 90. Fui a muchos recitales de ellos. Pero hay uno que roza lo absurdo y sorpresivo.
Partíamos con mi querida amiga de conciertos a un lugar excelente para hacerlos: la Estación Mitre. Allí los trenes ya no circulaban más y su vieja confitería se utilizaba para recitales o, en todo caso, se hacían en el andén. Este fue allí. Los Brujos entraban a escena con un estrambótico disfraz de esqueleto, sus movimientos eran convulsivos, extraños. Sus peinados que desconocían de estilistas, eran hermosos. En un instante el disfraz primero iba a parar quién sabe dónde y el público se convertía en una marea desesperada.

Allí estábamos antes del comienzo con mi amiga y se nos acercaron dos jóvenes en busca de amistad. Uno era extranjero, where are u from? do you like rock and roll? have you ever been here? etc. Los tipos chochos con la experiencia. En un momento mi amiga me mira y con muecas exageradas pero sin emitir palabra me "dice" algo. No le entiendo. Soy pésima para descifrar mensajes mudos. Se acerca y me lo dice al oído: el de barba (no el foráneo) tiene un moco pegado en el bigote. Ay, para que me lo dijo. No sabíamos si adevertirle o no, pero todo el tiempo éramos nosotras las que nos pasábamos la mano bajo nuestra nariz y nada... El tipo hablaba y no podíamos dejar de mirarlo ahí. Empezó el concierto, y con suerte en el revuelo y los saltos y la emoción perderíamos los pretendientes. Pero mi acompañante, al instante, salta como imán para el fondo: el yanqui le había tocado el culo. Fuck off. Los Brujos hacían mosh en ese momento.

8.1.09

SNIFFFFF

Tarde tormentosa, caen unas gotas anticipadas y mi nariz que ha olido el vapor que se levanta del viejo asfalto de la cuadra de casa. Las gotas adquieren unas dimensiones inesperadas y se estrellan en una perfecta esfera. Nos sentamos en el umbral, la lluvia golpetea los coches, pasan apuradas las amas de casa desprevenidas en medio de las compras.
Nadie me empaña esta foto. Cierro los ojos y siento que se han mojado los geranios, ese perfume áspero, terrestre y tan particular. Ya no hay rosales pero desde algún sitio cercano me llega su olor, lo mismo que el perfume amarillo de las retamas. Tengo unas semillas de retamas, cada árbol que tiene su chaucha y brota por semilla no puede evitar mi delincuencia. Le robo un par de vainas y las guardo en la cartera. Tal vez allí florezcan.
Ya se han formado charcos y los hilos de agua pegan con fuerza y forman burbujas. Si se forman globitos hay lluvia para rato me decía mi mamá. Hay lluvia para rato le digo a mis hijos cuando les señalo el mismo fenómeno.
Miremos el cielo, entrecerremos los ojos, dibujemos en los cristales húmedos corazones partidos, monigotes y dejemos huella. Olfateemos nuestros cabellos mezcla de agua, sudor y champú.
Llovamos nosotros también. Lloremos un ratito hoy, ¿porqué no?

10.9.08

JUGAR A SER YO


Mi hija (8 para 9) ama vestirse con mi ropa, bah, eso es disfrazarse para ella. O sea, lo que yo me pongo en lo cotidiano o en una salidita, ella se lo pone para jugar. Así, las preciadas sandalias doradas con escasas pisadas mías sirven para bailar un vals, mi vestido de jersey fucsia y negro, da las vueltas que nunca le he dado yo.

Anoche, ya cansada de danzar envuelta en esos atavíos se tira en la cama. Ahí intervengo: ¡No, no, con mi pilcha no te echés!... Saco una remera mía, se la doy y le digo: sacate ese vestido. Me responde que si puede dormir con mi ropa, me niego, explico que es para que no tenga frío. Y le pregunto porqué le gusta "vestirse" para dormir (les juro: combina el pijama, le gustan los camisones, se cepilla, etcétera) y me responde: "es por si vienen ladrones. Mirá si me ven fea y desarreglada".

¿A que la mayoría de las mujeres pensó en los consejos de madres y abuelas de usar siempre bombachas sanas por las dudas nos pasara algo en la calle?

16.4.08

LA ABSURDA TERNURA

A diario se me presentan pruebas, pruebas que me advierten sobre un pasado que no fue mejor. Ni tecnológica ni artísticamente mejores. Pero me provocan, en el fondo, ternurita. Les juro, que aunque tenía apenas unos añitos, las pre adolescentes sentíamos una especie de inquietud al escuchar este hombre recitar "hoy tengo todo el tiempo del mundo". La distancia que me separa de entonces, y vérmelas de frente con el clip ahora, me tienta (de risa, entendamos). Ese traje azul, esa suspensión sobreimpresa de Manolo Otero flotando sobre el ballet. Los gorritos de las coristas, la coreografía y el PPP de ella, con terribles anteojos antiparra, son todo un canto bizarro a los años '70. El destino nos demande, por guardar en algún sitio de la memoria, semejantes melodías, tales historias y nos salve de andarlas divulgando...

4.4.08

MIS PUENTES

Tenemos amigos de distintas cosechas, es cierto. Del barrio, del colegio, de las salidas, de la vida. Pero siempre hay uno, uno que se instaló en tu corazón y se quedó para siempre. Bueno, ese es Pablo. Cuando lo conocí íbamos al secundario pero a diferentes colegios. Yo, que apenas dominaba una regla de tres simple, me rendía a su inteligencia y dejaba que me explicara o al menos lo intentara, los logaritmos. Me enseñaba, tomábamos la leche, escuchábamos rock, me dibujaba los mandalas de Led Zeppelin y a medianoche, o sea, ocho horas después caminaba unas 15 cuadras hacia su casa. Años así, años yendo a boliches con grupos de gente para escaparnos a comer lomitos y hablar y reírnos. Cargo con ese detalle, capaz que soltás la zoncera más insólita y largo una carcajada. Pablo se quedaba serio y yo con la bocota abierta. Una vez, convaleciente de una hepatitis, flaca y demacrada, partimos a un microcine a ver La Canción sigue siendo la misma, pero fuimos a pie y caminamos más de una hora que se hizo nada al lado de sus pasos y sus relatos. ¿Se imaginan? en el solo de Bonham, el baterista, me dormí. Solos eran los de antes, la verdad. Así siguió la vida y nuestra amistad. Con alejamientos, acercamientos, por ninguna razón en especial que no involucrara el hecho de estar vivos. Si yo lo quería ver, sabía que estaría en su casa con su miniequipo, su guitarra eléctrica roja, tocando siempre tocando, el mate listo, la tele prendida y leyendo textos en alemán. Les juro que es verdad y que hacía todo eso en simultáneo. Pero hay un momento crucial en esta historia. Cuando promediaban los '90 (él, que es un expero en fechas, te podría decir día y mes también) y las salidas eternas se instalaron como algo ineludible, sumamos más gente a nuestra rutina, un amigo de él y algo amigo mío. Otra amiga mía, luego amiga de él. Salíamos, llegábamos, íbamos, veníamos. Deambular o naufragar como le dijeron los primeros rockeros nuestros. Algo tenía que ocurrir y llegó el momento en que algo ocurrió. Un día, en casa, el anuncio de que había algo para contar no se hizo esperar. Pablo se descalzó y descargó el cable a tierra. Escuchó mis inseguridades, mis emociones y mis lágrimas. Algo había pasado en mi corazón. Acto seguido, llegó mi amiga y nos tiramos a ver Los Puentes de Madison. Pero faltaba el cuarto en discordia y de él se trataba justamente. Luego de la película la suerte estaba echada. Con las cartas sobre la mesa seguí su consejo: metele para adelante. De más está decir, que hoy es también el Tío Pablo, el de los mensajes diarios, de los mails imprescindibles y nuestro amigo como siempre. La familia elegida.

8.3.08

FILOMENA, UN DISPARADOR

No sé si fue Fermina (El amor en los tiempos del cólera) o simplemente una señal que se cruzó en mi cabeza. Pero el nombre Filomena se me ha instalado en estos días. Mi abuela, la mamá de mi mamá, que de segundo nombre llevó Virginia, como mi segundo, el de mi madre y el de mi hija, se llamó Filomena. No la conocí. No supe de sus comidas ni sus mimos. Murió mucho antes de que yo naciera. Mucho antes de que mi madre tuviera la más remota idea de que algún día me tendría. Y solamente he visto una foto en la que parece una mujer tan avejentada y en la que no superaba los 40. Al poco tiempo de que le tomaron esa foto, tengo entendido que murió. Parió 7 veces y enfermó. Sus hijos quedaron solos con un tano laburante por padre, entonces un hermano cuidaba del otro. Mi madre fue algo de madre para ellos también, era la mayor entre las mujeres: 10 años y había una que tenía solamente un año. Se angustiaba mucho cuando me contaba cosas de la abuela pero esa parte de la historia estaba plagada de manjares criollos, tertulias con cantos y animales domésticos. Me gustaba la idea. Filomena es solo un nombre de una abuela que no llegó a ejercer y de una foto: tez clara, cabello oscuro, collarcito de cuentas blancas. No sé nada más, es una pena.

4.9.07

SEMILLERO


La semana pasada, mi querida Escuelita, donde cursé Periodismo, o sea Licenciatura en Comunicación Social, cumplió 35 añitos. Como todo en mi vida, llegué tarde a la invitación y por ende, no pude ir al agasajo.
Pero me imaginé todo un discurso de una ex actual deudora alumnita. Y se los ofrezco:
Querida escuelita (dependiendo del tipo de acto, nombraría enseguida a las autoridades) acudí a tus aulas más hambrienta de amores y rock que de saber. Soy sincera, eso fui a buscar y eso encontré. Porque el flautista de Hamelin llevó a ese sitio los que padecían idéntica necesidad. Como las aulas eran tan pequeñitas, me escapaba a menudo a tomar cafés, a preparar trabajos prácticos o a ver los chicos que pasaban desde debajo de los frondosos árboles que coronaban tu patio de trasero. Fue gracias a esa gente que hoy conservo grandes amigos, espíritus libres en busca de discusiones eternas, con gotitas de patchouli tras las orejas perforadas por triplicado, morrales arrastrados y walkman inherentes. Las fiestas temáticas tuvieron su protagonismo, fuera de tu ámbito académico, por cierto, y llevaron por título “del licor casero”, de los “anteojos”, “sombreros”, etcétera. Si no había un día, lo inventábamos, y si era necesario, lo decretábamos, la historia estaba en festejar. Tus baños fueron testigo de nuestros primeros humos blancos. Que inconscientes, pero servía para las clases de informática donde no vimos una computadora ni en foto, eso sí: fueron una catarata de carcajadas incontrolables. Pero igual festejo. Algo aprendí, algo sentí, algo oí. Algo encontré. Algo me falta también: haber llegado a tiempo al festejo, terminado el trabajo final y acudido a dar en grupo El Arte Renacentista. Ese día en un mismo sitio, actuaban Fito y Baglietto. Evidentemente las responsabilidades me vinieron después, años más tarde, como dije al principio. Salud.

20.8.07

DIA DEL CANTANTE DE ROCK


Ambos son rubios, cantan rock y cumplen años hoy. Uno 20 más (más o menos) que otro. Otro menos famoso que uno, mucho menos. Pero los dos con pasión para cantar. Y con garganta. Uno es mi amigo, a Robert Plant no lo vi nunca en mi vida pero podría ser mi amigo, ¿porqué no? Vieron que uno ve gente y dice... ese/a podría ser mi amigo/a? Este blues (Since I've been loving you), que pueden escuchar haciendo click en play, está en el album Led Zeppelin III editado en 1970. En esta versión la canta mi amigo Kaled Pan y la grabó con su ex banda Hierrock en 1998. A tales efectos y en virtud de la fecha, la pasión, las mechas rubias y el cariño, hemos decretado una nueva efeméride: 20 de agosto, día del cantante de rock. Que las escuelas lo conmemoren, los diarios lo recuerden y las radios homenajeen. Así sea.

16.8.07

EL DÍA QUE CASI TUVE UNA TAPA

Todos teníamos 14 años menos, vos, yo y ella, que hoy cumple 49 y en 1993 vino a visitarnos. A los tantos fans, curiosos y detractores y a mí, particularmente, que moría por verla aunque asistí en el rol de periodista. Primero tuve que sortear un obstáculo: o me tocaba Michael Jackson o Ella, por suerte la moneda cayó cara a mí y así viajé los 800 kilómetros con la chica de Detroit cantándome en los walkman blancos. Me había grabado en un casete de 90 minutos con las canciones que más me gustaban y el desgraciado se retobaba cuando la pila se iba debilitando. Y compraba otras, y lo pasaba a FM Rock & Pop porque entonces nos parecía ohhh y nos sigue pareciendo, aunque ahora algunos programas se escuchan acá. Con ilusiones y todo, el día del recital se vino el cielo abajo. El cielo nuestro y el de los grupos católicos que protestaron por la actuación de la diva. A ella no se le movió un pelo, primero porque entonces tenía un look muy corto y segundo, porque si no se le movió un pelo con las fotos estupendas de Sex o con besar un Cristo negro en un video, no la afectaría un puñado de enervados prejuiciosos denunciantes. Aunque la espera se hizo larga, partí a River emocionada y sola. Como los cordobeses tenemos un imán de miel, atraje unos cuantos osos coetáneos en el peregrinaje por el campo con los que compartí el Girlie Show. Madonna montada en una bola de espejos con una peluca afro. Madonna y sus bailarinas. Express yourself. Secretamente, yo guardaba la esperanza de encontrarla en las inmediaciones del Hotel Hyett, lugar que no pisé. Pero yo quería encontrarla y entrevistarla cara a cara. Igual tenía mucho para contar. Con la emoción repercutiendo en el pecho, me fui a la corresponsalía a cronicar. Grande fue la sorpresa que el día de la publicación no “fuimos” tapa. Había muerto Fellini y la noticia me ganó de mano y la primera plana. Un amargo segundo lugar ocupó mi relato apasionado. Madonna brilló y yo ocupé un lastimero lugar. Que loser.

25.5.07

EMPANADAS CON VINO EN JARRA


Somos criollos por línea materna. Mi abuela, a la que no conocí, se casó con un inmigrante italiano. Pero en la familia se siguieron siempre costumbres argentinas mechadas con las tanas. El olorcito a empanada frita en grasa (criolla, dulzona y con comino) invadía mi casa casa y ¡ cuadra! durante los días de fiestas patrias. Los locros eran multitudinarios y tenían la variante del queso fresco arriba para que se derrita, además de la salsa picante que, esa sí, derritiría a cualquiera. Hacía pan casero con chicharrón, pucheros que incluían carnes y verduras varias con el corolario de una sopa gruesa y calórica. Como herencia de esa veta me quedó un precioso mate de plata que en cada una de sus patas tiene labrada las iniciales de la dueña original. Una de esas letras es la V, letra que también tenía mi mamá en en el segundo nombre, mi hija y yo. En cuanto a las recetas las fui aprendiendo de lo que me han dictado algunas tías o vecinas porque mientras la tuve a mi vieja, nunca me preocupé por aprenderlas. Así, trato de seguir esa tradición en la medida de que mis tiempos y ganas me dejan. Pero no logro el olorcito ni la estética de esos manjares. Y sé porqué.

20.5.07

¿Y EL POTRO?


Cada cual tiene su potro. Su caballo indomado que se libera en el momentos menos esperado. Ese que nos abandona en pleno trámite, en la parada del colectivo e inclusive en momentos "serios". El potro se libera y se va, se va, huye, se divierte, retoza y se descarga hasta que se cansa y vuelve tranquilito a su retablito. My wild horse está intacto por suerte. Tal vez ahora puedo distinguir los momentos en que lo dejo salir a relinchar y desbocarse por ahí, pero a veces no: el muy rebelde se me escapa y se me hace el loco. Y me sonrío en silencio en pleno acto escolar, me voy en una conversación telefónica o me pierdo en plena función de cine. ¿Y el potro Vanadía? Me decía el profe de Derecho del cual aprendí el concepto en el secundario. Entonces mi caballito andaba a los corcovos muy lejos, alimentándose de pastizales exuberantes y mojandosé las patas en arroyos vírgenes.

23.4.07

MELODY Y LOS BEE GEES

A propósito de la "conversación" iniciada entre Jorge y Gabriel en los comentarios de este post (aunque poco tenga que ver con la propuesta gastronómica o mejor dicho: le buscaron la vuelta) paso a contarles. Mi viaje iniciático por los Bee Gees comenzó Melody (1971), película guionada por Alan Parker, les suena, no? Mi hermano me había llevado al cine a ver una de dibujos y como antes daban dos por una, ligué esta joyita. Y me enamoré. Aún siendo niña, me enamoré de la historia, el actor y ¡la música!. Los Bee Gees entraban en mi vida con Melody Fair y yo soñaba... y sólo un vecino la tenía en vinilo y sacábamos turno para que nos prestara el disco. Volví a ver la peli estando en el secundario y esta vez como complemento de Carrie (Brian de Palma, 1976). Pero el falsete de los BG siguió sonando en mis oídos en todo el secundario. Cuestión que no me impidió incursionar otros terrenos sonoros ni influyó en mi manera de caminar a lo Tony Manero. Va foto de Melody y también link a Canciones con historia con video del tema original.

11.4.07

THE FUTURE


Vos no sos el futuro, dijo ella un día. Se lo dijo enojada a papá porque él la previene y la cuida. No vayas a jugar a las chicas que no están, las acabo de ver subir al auto. Y un sinnúmero de advertencias que, sin dudas, nosotros odiaríamos de niños. Por eso, ella aborrece que él sea "el futuro" como dijo aquella vez. Pero en este tramo de vida no está del todo mal ser el futuro y resguardarse de situaciones que te podrían dañar en lo inmediato. Más que nada cuando los desenlaces son predecibles. Eso hace que muchas veces veas boicoteados los proyectos y las esperanzas. Hoy también yo soy el futuro.

3.4.07

MANTECA AL TECHO


Mis ingresos no han sido del todo magros desde que pegué un trabajo fijo. Una cultura del laburo más una inconciencia innata me han llevado a vivir una vida absurdamente derrochona y a darme gustos. Digo absurda porque ni mis gustos ni mis ingresos dan para autos importados o viajes extravagantes. Por eso, apenas cobrado mi salario (que era todo para mí), hace unos cuantos años partía raudamente a disquerías y librerías para derrochar. Cuatro, cinco o más cedés en mano, eran la delicia para una semana con diversión auditiva asegurada que incluía joyitas inconseguibles de Peter Gabriel, bandas sonoras, Lou Reed, tal vez B '52, Talking Heads o PJ Harvey. El negocio del Perro era el sitio elegido, allí mi cuenta corriente no tenía ninguna garantía más que el dueño viera mi cara a menudo. El sitio ha mutado de domicilio como de diseños pero el carácter refunfuñón de su dueño (mote merecido me imagino, nunca supe el porqué) nunca pudo conmigo. Allí era la tertulia de selección de novios y discos. De cafés, de músicos paseantes y a la vista en la mismísima vidriera. El grunge había distorsionado las guitarras y la indumentaria de los rockers de los tempranos 90, el negocio se inundaba de bermudones, camisas de franela a cuadros mientras nosotras vestíamos irremediablemente vestidos con borceguíes, pelos descuidadamente aseados y peinados y no nos perdíamos ningún concierto que tuviera como inspiración lo “alternativo”. El Perro merodeaba las bateas en ojotas (no me lo explico, pero también circulaba en ojotas en un ciclomotor destartalado), los empleados recomendaban discos que les gustaba a ellos exclusivamente, nada más. Para lo otro, andate a otra disquería. Mi amigo Mino del otro lado del mostrador, escuchaba a full la Cumbia del Cucumelo de las Manos de Fillipi mientras armábamos y desarmábamos el mundo en una tarde. Ibamos a comer a Estación 27 después de los recitales, paseábamos músicos reñidos a muerte con el peine y que intentaban imitar inutilmente nuestra tonada. La fauna cosechada en esos años "mozos" tiene un tierno lugar exclusivo en la enciclopedia de ésta, mi vida. Es más, a veces me acuerdo de algunas anécdotas e inesperadamente y sonrío y me río. Me pone (exquisitamente) muy bien.

20.3.07

COSAS

Una vez entrevisté a Pettinato como escritor, a Robi Rosa en una época muy extraña y trabajé por unos días con Shakira cuando era casi alguien. Cosas del mundo del espectáculo que me acercaron a esos personajes cuando aún no andaban en limusinas ni tenían la golden.
Petti (se escribe así, las dos t adelante, porque así está en su libro) había editado Sumo, la jungla del poder, esto fue hace mucho tiempo. Y fui a verlo a un hotel para hacerle la nota, un hotel de tres estrellas como máximo donde él estaba solo, no teñido y menos con zapatos y saco llamativos. Hablamos bastante sobre su pasado rocker, su llegada a la banda de Prodan y sus delirios. Me firmó un libro "con amor" y alguno que otro chiste. Hoy el libro no se consigue.
Otra vez tuvimos la oportunidad de entrevistarlo a Robi Draco Rosa, ex Menudo, productor y autor de letras de Ricky Martin y actual solista. El tipo era muy excéntrico, había habitado con unos aborígenes de no se donde y tenía el pelo larguísimo teñido con henna y hablaba super pausado. Era en la época en que se iniciaba como solista. Contaba que escuchaba bandas que nunca te hubieras imaginada con su pasado musical a la vista. También fue amable y sensible. Pero en ese momento le duraba la influencia aborigen y sus sustancias también.
A Shakira la conocí cuando una amiga me invitó para participar en la producción de un programa de juegos para la MTV. No sé en que basaron el casting para tal delirio (una especie de Telematch cocoliche, muy editado onda futurista) porque los personajes iban desde Shakira al Mosca de 2 minutos. En ambos extremos figuraban la solicitud de un peluquero personal y la infaltable cerveza de litro. La colombiana tenía entonces el pelo oscuro hasta la cintura y unas caderas un poco más anchas que ahora. Se manejaba con una simpatía abrumadora siempre al lado de papá, mamá y su hermano que también era el manager. Ya tenía bien en claro ciertos caprichitos de estrella pero nosotros no, porque recién comenzaba a vender discos por estos lados. Mi tarea consistía (una vez instalados los juegos que llevó un para de semanas agotadoras) buscar, llevar, traer y acompañar a un grupo de artistas. Reírme de sus chistes, conseguirles algo que podían pedir y explicarles los absurdos juegos. Mirala ahora vos a la pies descalzos. Un compañero que hace poco estuvo en Jordania! me comentó que allá mueren por ella.
Esta brevedad podría llamarse también "la tangente del camino a la fama".

6.3.07

RESIGNACIÓN

Sonrisa contenida, bronceado que recuerdan los días de río y pileta y el primer día! Vamos que son más divertidas la vacaciones, pero estamos en el baile, ¡así que bailemos! De paso, tanto fue el empeño puesto en pasarla bien durante estos tres meses, que se le olvidó por donde se comienza a escribir. Y empezó la carpeta de atrás para adelante. Ya está. Ya pasará.