No sé si estoy loca o simplemente, estudiar, aprender, repasar, me gusta. Buscar, encontrar, comprender. El abanico se me amplió otra vez y me encuentro con el repaso de historias rescatadas del olvido.
Cambian las metodologías, el tiempo pasa pero la historia, lengua, matemáticas y la mar en coche, quedan.
Antes me sentaba con una, ahora con dos. Y no precisamente juntos sino aprendemos en vivo y en directo lo que han sido las invasiones inglesas.
¿Tendré alma de maestra ciruela? ¿Ganas de hacer el picadito con papel glasé otra vez? Volvemos a las reglas ortográficas, a la clasificación de palabras según la acentuación, a los aborígenes y su costumbres, a los animales según grupo y especie...
Tengo que describir algo de un pueblo aborigen, me dice ella y voy a contar cómo se vestían (jamás contaría, por ejemplo, como cultivaban). Él, sin embargo, hace los deberes rapidito y de parado. Le preguntamos: ¿tuviste prueba hoy? No sé... y al rato ¿qué es tener prueba?
Si no enloquezco entre el desarrollo de la comunicación desde 1810 a 2010 y la descomposición de números en dieces y sueltos, es porque la natación me mantiene, justamente, a flote.
Bendita sea el agua cálida de una pileta climatizada.


