- Yo hacía repujados en tapas de yogur.
- Hice unos cóndores en cerámica que parecían gallos, miren por aquí.
- Me falta darle una mano de pintura a un armario blanco, quedó con las pinceladas marcadas.
- Cuando forro cuadernos, les tira la sisa y no se pueden cerrar.
- El pegatelas es mi aliado para subir ruedos.
- Una vez hicimos prendedores de madera pintados a mano con una amiga que ahora es una gran artesana. Fuimos a La Falda Rock, no vendimos ni uno. Terminamos haciendo trueque. Los míos eran horribles.
- Hacíamos veladores con cera de velas chorreando en una botella. Que asco.
- Mi mamá tejía bolsas para las compras con tiras de los sachet de leche. De terror.
- Una vez le hice una muñeca de trapo a mi hija, la Naná, ¿quieren reírse? hagan click acá.
- Las comidas me salen ricas, pero improlijas. La torta chueca, los alfajorcitos desiguales, los repulgues de empanada asimétricos.
- No me salen los avioncitos de papel, menos las grullas y quiero comprarme un libro de origami.
- Mi mamá me terminaba las manualidades en el primario, nos hacíamos las boludas las dos.
- Ato mal los cordones de las zapatillas y todos me critican. Menos mal que vienen con abrojos. Adoro los abrojos.
- Con mi hermano hacíamos collares de fideos tostados y se los regalaba a la maestras. Obvio, los tirarían en el primer tacho a la salida del colegio. A los dedalitos de color no era necesario tostarlos.
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25.9.10
CONTRARIEDADES COTIDIANAS 21: BOLUDA TOTAL
15.7.09
TEMÁTICO Y DE AUTOR
Él me dice: tus tés son temáticos y tus tejidos de autor, haciendo alusión a mis pasiones invernales y a los paseos que a veces lo arrastro para mirar "cosas". Y así ando combinando texturas, lanas y esos maravillosos botones que me trajo mi amiga Analía... Todo esto se lleva a las mil maravillas con los sabores del té o las infusiones: frutales, perfumados, de semillas... Infaltable antes de dormir. Un gusto o varios durante el día.
25.4.09
LA NANÁ
Una vez que el evatest te da positivo, no sé, algunas especialistas (Xime, Vero) podrán explicarlo mejor. Pero en el instante que ese palito químico marcó las dos rayitas entramos en trance. Muchas entramos en trance, imagino que no todas. Yo me convertí en zombie. Y lloraba con canciones, publicidades, relatos y libros. Las lágrimas eran sudor en mis ojos. Las dos veces fue así. Entonces aflora la artesana, cuestión que a muchos exaspera, a otros les da risa o pena.A mí me da felicidad. Preparar, decorar, coser, tejer. Hacer algo con estas manos torpes que se llevan tan mal con el costado derecho del cerebro.
En vez de coser, pegaba, cintas, volados, cortinitas, percheros. Mi marido me hizo recontrajurar que no llevaríamos el dichoso bolso a la clínica pleno de osos y puntillas, que fuera discreta. Es cierto, compré uno color azul que nos dio más utilidad que otro que seguro terminaría al fondo de un canasto.
Pero, oh, un día, una siesta lluviosa, se me dio por la muñequería. Feliz, con la bebé al lado en la cochecito le expliqué: mamá te hará una muñequita para toooooda la vida. Será tu amiga.
Corté una remera blanca para la piel, cosí primero a pequeñas e imperceptibles puntadas y luego enormes y espaciadas. La rellené con algodón pero nunca pude sostenerle el cuello. La vestí, obvio, destrozando un lindo vestido liberty muuuy diminuto de mis épocas de mini y botas. Le hice un pelo de lana matizado una boca de cereza y unos ojos bizcos. Ella la agarró y en un minuto le puso Naná.
La Naná acá y allá, aunque no era tan linda, la quería. Yo también adoro cosas que no son lindas. En mi familia las mujeres somos así: cuando elegí a la Blackie, mi sobrina me dijo elegite la más fierita y la queramos a morir.
El hombre de la casa, si andaba bajoneado, buscaba a Naná y se tentaba. Hasta que un día, la pobre muñeca de trapo fue a parar debajo del colchón de la cuna para levantar la cabecera. O sea, cumplió función de almohadón para que la niña tuviera mejor flujo respiratorio. Y no la vio por un buen tiempo. Cuando desarmamos la cuna, la Naná volvió a nacer y ella creyó (porque es lo que recuerda) que había nacido ahí, de abajo de un colchón.
Ahora, entre las idas y venidas de los juguetes, los bolsos donados, el proyecto persiste en un hermoso canasto de ratán y con frecuencia acompaña el sueño de ella.
La Naná, mi creación, mi verguenza por momentos, cumplió su cometido, al fin y al cabo. Y para que se rían un rato, se las muestro y todo.
28.11.08
QUEBRADA
Tata Dios, Buda, la Naturaleza o el Maestro Amor (en lo que quieran creer) me han provisto de escasas habilidades para moldear arcilla. Nulas, mejor dicho. No sé de proporciones, de detalles ni pinturas. En ese estado he tenido que hacer estos cóndores para souvenirs de la Feria de Ciencias porque a mi hija le toca el Parque Nacional Quebrada del Condorito. Perdonen desde ya, los que los reciban y les pido que los conserven durante la media hora que continúa a su otorgamiento. Hasta nombre les pusimos al perdonarnos por ser tan torpes. El del fondo es Arturo, por ejemplo.
La maqueta quedó espectacular pero fue otra madre la que metió la cuchara. Yo metí el cucharón de madera para hacer mermelada de durazno para servir canapés a los aventurados visitantes. Y esto no queda aquí: tengo que etiquetar la ropa de mi niño que esta noche tiene acantonamiento, y buscar las linternas y la bolsa de dormir, y...
Pd: pueden reír, obvio.
Pd1: pueden compadecerse, obvio.
Pd2: pueden apiadarse también, porqué no.
Pd3: pueden aconsejarme sitios de rehabilitación en favor de mi motricidad fina, si quieren.
Pd4: mejor se me cagan de risa y le muestran al resto de la familia, oficina, empresa o cadena de mails bajo este título: así No es un cóndor.
La maqueta quedó espectacular pero fue otra madre la que metió la cuchara. Yo metí el cucharón de madera para hacer mermelada de durazno para servir canapés a los aventurados visitantes. Y esto no queda aquí: tengo que etiquetar la ropa de mi niño que esta noche tiene acantonamiento, y buscar las linternas y la bolsa de dormir, y...
Pd: pueden reír, obvio.
Pd1: pueden compadecerse, obvio.
Pd2: pueden apiadarse también, porqué no.
Pd3: pueden aconsejarme sitios de rehabilitación en favor de mi motricidad fina, si quieren.
Pd4: mejor se me cagan de risa y le muestran al resto de la familia, oficina, empresa o cadena de mails bajo este título: así No es un cóndor.
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